Pablo, el hombre que da el último toque al sombrero de paja
En la elaboración del sombrero de paja toquilla se involucran 3 personas: la que extrae la paja, el tejedor —como los de Pile, Los Bajos, Pampa, El Aromo— y el que se dedica al terminado. Este último proceso incluye cinta, talla, forma y estilo. Quien se dedica a dar el toque final es también el intermediario directo de la venta de estos sombreros. Uno de los montecristenses que se dedican a la etapa final es Pablo Franco.
Desde hace 22 años, este hombre le da el acabado, le pone la cinta y talla. Luego lo expone a la venta por las redes sociales o a través de su local, en pleno centro de Montecristi. María Mero Pachay, su esposa, es su fiel asistente.
Cuenta que los extranjeros que llegan a la localidad compran regularmente los sombreros que cuestan $ 100, “pero lo ideal es que compren los más finos, que pueden costar hasta $ 1.500. Esos más se los vende a través de nuestra página web.
Además de vender sombreros, Pablo y su esposa también tienen a disposición de los clientes otros recuerdos hechos en toquilla, como muñecas y adornos varios.
Explica que la calidad de un sombrero se la mide en puntos por pulgada.
“Por ejemplo, uno de $ 100 tiene 18 puntos por pulgada, y uno fino tiene de 40 a 60 puntos por pulgada”.
Los artesanos de Pile son expertos en hacer los sombreros más finos del mercado.
“A don Pablo lo conozco desde hace más de 25 años y para muchos es el mejor artesano que da el toque a los sombreros, es muy bueno”, destaca Mercedes Mantuano, quien ayuda en la venta directa en el local de Franco y su esposa. (I)
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