De regreso al cuartel de Ambato, el coronel Tomás Reinoso, los lleva al “edificio que antiguamente ocupaba la escuela regentada por los hermanos cristianos y pertenece al Gobierno Nacional. El edificio está en regulares condiciones y presta medianas comodidades para alojar a la tropa.
Si el Gobierno decidiera destinar este edificio para cuartel, con un gasto de 2.500 a 3 mil sucres podría hacérsele las reformas adecuadas”. En aquellos tiempos, los colegios y las escuelas casi siempre fueron destinados a cuarteles de modo temporal, mientras se sofocaban las insurrecciones. Los alumnos quedaban en vacaciones y los rifles resguardaban los pizarrones.
“El alumbrado en la prevención y cuadras del cuartel se hace por sistema de lámparas de petróleo, y los cuartos de los señores jefes y oficiales se alumbran con velas corrientes. En materia de alumbrado no se puede mejorar este servicio por cuanto esta plaza carece de empresas de gas, luz eléctrica, etc.”.
Por las noches, cuando la tristeza baja a la tierra y duerme entre la pobreza, habría de verse en un rincón “un pabellón, una cuja, dos banderas, un banderín, 11 silletas de Viena, 30 libros para la documentación”.
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