Volver a empezar

- 02 de agosto de 2016 - 00:00

@ClaudionCampos

Medellín fue testigo de un momento sublime, lleno de orgullo y satisfacción que produjo a su vez, de manera irónica, un vacío difícil de explicar. Esas sensaciones pueden durar mucho tiempo y son producto de haber permanecido dentro de un sueño hermoso, real pero esquivo; tarea mayúscula que imperiosamente debe ser afrontada con total seriedad para poder enrumbar las nuevas ambiciones grupales desde el entendimiento personal de que aquel anhelo ya se acabó. La juventud que caracteriza al ya eterno plantel de Independiente del Valle tiene muchos pros pero también algunas contras, y una de esas se podrá dilucidar en esta transición tan complicada como es la coyuntura actual de asimilar y superar rápidamente el después de, situación que la vorágine del fútbol moderno no da tiempo, ni respiro para  desmembrar la desdicha y volver a barajar las emociones más aún en seres humanos que están en crecimiento y no alcanzan totalmente la madurez. La labor del nuevo conductor no será para nada fácil y no solo porque deberá trabajar con egos jóvenes llenos de ilusiones que acaban de salir de una utopía, sino también porque algo fundamental en este mágico juego dio la sensación que desapareció en el primer partido que jugaron en Guayaquil este último fin de semana, y esa es la motivación. En pocos días el núcleo de este plantel se vio resquebrajado con la salida del mentor principal que fue su entrenador que partió en busca de nuevos desafíos profesionales y también la sensación latente de que otros pilares de esta estructura cumplieron un exitoso ciclo y dejaran su lugar, aspectos fáciles de digerir pero que no pasarán desapercibidos. Algo que sí ayudará a restablecer el orden es la fortaleza de las convicciones que ostentan los responsables del equipo que han demostrado estar muy solventes en sus decisiones y tener muy claro para donde guían los destinos del nuevo ejemplo deportivo del país. Indudablemente que la vara quedó muy alta y las nuevas metas no pueden ser menores, situación un poco incómoda para el nuevo conductor, el colombiano Alexis Mendoza, que desembarca en un plantel que debe reinventarse y encontrar los pretextos adecuados para aferrarse nuevamente y exponer todo el potencial de sus componentes. Vivir este tipo de circunstancia tiene en muchas ocasiones un doble filo y es allí donde debe prevalecer la palabra justa y el ejemplo constante de los más grandes y del mismo entorno para no permitir que la confusión se adueñe de los comportamientos de futbolistas que llegaron a la cima por esfuerzos propios pero quizás muy rápido. Vendrán tiempos de tranquilidad donde será fundamental encontrar nuevos líderes dentro del campo de juego para ir acomodando las nuevas ideas y cimentar viejos conceptos, e intentar que este duelo futbolístico no sea extenso y que en realidad sirva para comprender que lo más importante en el fútbol es tener la valentía de volver a levantarse e ir en búsqueda de nuevas ilusiones. El cuerpo técnico de Repetto dejó un legado inmenso y no solo por los logros obtenidos, sino también porque las entrañas del club tienen impregnadas formas muy particulares que ya destacan el paladar y le dan el sentido necesario que debe evidenciar un equipo de fútbol al expresar su idiosincrasia cuando se expresa con el balón. (O)  

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