Significado y trascendencia de “La Gloriosa”

- 28 de mayo de 2018 - 00:00

Hoy se cumplen 74 años de uno de los hechos más importantes de la historia política ecuatoriana: la “revolución” del 28 de mayo de 1944, conocida como “La Gloriosa”. El último intento de sistematización y análisis, desde la Academia, en torno a este hecho y proceso, es el libro La Gloriosa, ¿Revolución que no fue?, en el cual Santiago Cabrera Hanna compiló y editó ensayos de historiadores, como Enrique Ayala Mora, Catalina León Galarza, Pablo Ospina Peralta, Valeria Coronel, Silvia Vega Ugalde, entre otros, acerca de la naturaleza de este episodio de la historia nacional calificado de “revolucionario”.

En la historiografía ecuatoriana, ha sido moneda corriente calificar de “revolución” a golpes de Estado, rebeliones o cuartelazos, aunque estos procesos jamás acarrearon transformaciones profundas en las estructuras de la sociedad, excepto en lo concerniente a la Revolución Liberal Radical (1895-1912). Y últimamente, en América Latina, se ha llamado “revolución” a procesos identificados con el espectro político de las izquierdas, aunque muchos tampoco puedan ser considerados “revolucionarios”, a pesar de sus correspondientes discursos ideológicos engrosados por retóricas rimbombantes, propias del marketing político que se utiliza para seducir a las masas.

El 28 de mayo de 1944, miles de ciudadanos guayaquileños salieron a las calles y se tomaron los cuarteles, a sangre y fuego, gritando consignas en contra del presidente Carlos Alberto Arroyo del Río. Para entonces, ya se había formado la Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE), un amplio bloque multipartidista compuesto por conservadores, socialistas, comunistas y liberales disidentes e inconformes con la deriva oligárquica y el rumbo autoritario que había tomado el gobierno de Arroyo. Este era el punto de partida para organizar el relevo en el poder, al tiempo que se exigía el regreso al país de José María Velasco Ibarra, considerado “el gran ausente” de la política ecuatoriana.

Si bien no fue una revolución –al final, este movimiento democrático y popular lo abortó, ya en el poder, el propio Velasco Ibarra–, los acontecimientos de “La Gloriosa” movilizaron la organización popular, con la creación de la Federación de Estudiantes Universitarios de Ecuador, la Unión Nacional de Educadores, la Confederación de Trabajadores de Ecuador y la Casa de la Cultura Ecuatoriana. (O)

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