Punto de vista

Investigar, verbo ineludible

- 25 de julio de 2016 - 00:00

La investigación no es un hecho discrecional que pueden asumir o no las instituciones de educación superior, sino que es una obligación ineludible de las universidades. Esto es así por la urgente necesidad de aplicar el principio de pertinencia que obliga a las universidades a mirar de frente los problemas del país y a plantear las soluciones más adecuadas ante ellos, pero también porque la vida del personal académico, su ingreso a las universidades, su permanencia y su ascenso en el escalafón, dependen de la investigación.

Como una medida encaminada a obligar a las universidades a salir de la burbuja en la que estuvieron tanto tiempo recluidas, la ley orgánica establece el principio de pertinencia, además de que obliga a las universidades a vincularse con las comunidades. El principio de pertinencia, sin embargo, no debe confundirse con la investigación aplicada; y la vinculación con la comunidad no debe confundirse con un paternalismo fatuo.

Es importante generar  investigaciones que apunten a la resolución de problemas concretos, con investigaciones aplicadas, básicas, que contribuyan al desarrollo del propio conocimiento. En un país en el que la política y la educación han establecido vínculos tan íntimos es indispensable que el poco rédito político que tiene la investigación básica por la discreción, la invisibilidad y el poco impacto mediático que le caracterizan, no sean factores que atenten al desarrollo del propio conocimiento.    

La investigación en las universidades ha sido una de las áreas más asediadas en el neoliberalismo. Sabemos cómo en los países del capitalismo central las corporaciones han robado cerebros a las universidades y han impuesto lógicas en las que prima la ganancia, lo que ha producido un deterioro de la investigación en áreas vitales.

Esto sucede, por ejemplo, con muchas enfermedades crónicas, que no son desterradas porque prima el interés mercantil de las farmacéuticas, sin dejar de mencionar la obsolescencia programada que reduce cada vez más la vida útil de objetos y llena más de basura el planeta. En el capitalismo periférico, el abandono de la investigación es el correlato de la formación de países exportadores de materias primas y compradores de bienes elaborados. Por eso, en este lado del mundo, el desarrollo de una agenda soberana de investigaciones es una condición ineludible para romper la dependencia al poder transnacional.

Para cumplir con la investigación en todo su sentido es indispensable que las autoridades académicas reconozcan la gran pluralidad de investigaciones que tienen que acometer las universidades. Es necesario desterrar el provincianismo que diferencia ciencias duras de las ciencias blandas, y no tener miedo a apostar por la hiperespecialización o por la transdisciplinariedad cuando sea necesario. La investigación requiere de equipos colaborativos, lo que significa que hay que romper la endogamia de las carreras, de los departamentos y de las facultades, y se debe apuntar a la conformación de redes locales, nacionales e internacionales.  

Es indispensable también diseñar políticas claras de difusión de los resultados. Investigación que no se difunde es investigación que no existe. Por esto es indispensable que los congresos, simposios  y talleres sean una práctica común, tanto como el diseño de claras políticas editoriales. (O)

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