A fuego lento

- 30 de diciembre de 2018 - 00:00

Una primera afirmación sobre el filme coreano Burning (2018), de Chand-dong Lee, sería: “templar a fuego lento”. Con tal hipotética expresión quiero decir que la película tiene que ver con la vida cotidiana, con la rutina, con el vacío posmoderno, todo plasmado en un argumento sobre unos personajes anodinos, jóvenes, sin anclajes, que van y vienen entre los intersticios de la ciudad.

El director sigue la vida de un joven de los suburbios, como si fuera la crónica de su existencia. Este deja productos, conoce a una muchacha, sigue el juicio a su padre, hace su rutina en una pobre granja familiar, tiene amistad con otro muchacho millonario.

¿Hay alguna historia? Es la más sencilla: cree haberse enamorado de la muchacha, una vecina de cuando él era un niño; ella más bien sigue los pasos del joven millonario. En este seguir la vida del joven protagonista poco a poco nos vamos acostumbrando a su inercia, a su indiferencia ante la vida. Chand-dong Lee va templando nuestra paciencia cuando vemos, plano a plano, secuencia tras secuencia, con un ritmo pausado y sostenido, el devenir de tal personaje.

Y de pronto nos damos cuenta de que algo le llama la atención: una pérfida actividad del joven millonario. Acá entra otra segunda noción: “matar a fuego lento”. La relación entre ambos jóvenes tiene como centro la muchacha. Chand-dong Lee hace una referencia invertida a la obra de F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby. El pudiente se aprovecha de las muchachas en un juego ritual que él denomina “quemar los graneros”.

Como el director ha templado nuestros sentidos, deja a la imaginación todo lo que tiene que ver con ello, aunque siempre se presumirá de que se trata de un asesino con la sonrisa más dulce y la actitud más confiable que se pueda encontrar. En ese punto la película es sugerente y muy bien calculada.

Pero habría una tercera presunción: “cocinar a fuego lento”. Más bien vendría a ser una metáfora porque Burning en realidad es sobre cómo componer un acto criminal (y su ejecutor) como si se tratase de hacer explotar todo en una olla de presión: Chand-dong Lee nos lo exhibe con sutileza.

La película está basada en un cuento del japonés Haruki Murakami, “Quemar graneros” (contenido en El elefante desaparece). Su adaptación ha sido premiada en festivales internacionales. (O)

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