Hace más de veinte años Toy Story cautivó los corazones de muchos, y lo siguió haciendo de forma abrumadora con personajes y aventuras que nos hacen estallar en carcajadas y llorar a cántaros de tanta belleza y honestidad.
Pixar nos dio una primera lección de desapego hace 9 años, cuando, en una escena nostálgica, un Andy que ya va a la universidad regala sus juguetes a la pequeña Bonnie. Parecía que la historia llegaba a su final, pero este año han vuelto los entrañables personajes de siempre, aunque han evolucionado y mutado. Así, una Bo Peep empoderada ha decidido explorar el mundo, Buzz se dispone a seguir su voz interior y Woody deberá confrontarse con su propósito como juguete al darse cuenta de que Bonnie, su niña, no está interesada en jugar con él. Además se han sumado algunos nuevos personajes: Forky, un tenedor con problemas de identidad y Gabby Gabby, una muñeca perfecta que en realidad es una villana aterradora pero llena de matices.
En esta ocasión Disney Pixar nos da una nueva lección de solidaridad, compasión y sobre todo de aceptación a partir de la noción de desapego, con una despedida sin precedentes.
Aparte de la poderosa animación cada vez más impresionante, de la caracterización tan particular de cada personaje y de la genialidad para desarrollar la historia, lo que tanto nos conmueve de Toy Story es la posibilidad de atesorar algo de nuestra infancia, el recuerdo de algún juguete especial o el deseo de haber tenido uno como Woody, ese amigo fiel. (O)
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