Los “camisetazos”, una mala práctica política

- 04 de junio de 2020 - 00:00
Ilustración: El Telegrafo

Esta antigua y reiterada táctica que usan las organizaciones, candidatos o autoridades conlleva a la pérdida de credibilidad frente a la ciudadanía.

La vieja práctica de un candidato o autoridad de cambiarse de organización política, con el tiempo trae consigo una serie de consecuencias que afecta su postulación electoral o el cargo público que ostenta.

Un ejemplo claro es el del prefecto del Guayas, Carlos Luis Morales y el Partido Social Cristiano (PSC), quien lo auspició en su candidatura al Gobierno Provincial, pero que ahora le quita su respaldo ante las denuncias de corrupción presentadas en la institución que representa.

De hecho, el líder del PSC, Jaime Nebot, mencionó este miércoles 3 de junio de 2020 que nadie está por encima de la ley y que quien haya delinquido debe ser sancionado con cárcel.

Mientras que la bancada legislativa del PSC-Madera de Guerrero exigió al Prefecto presentar las explicaciones sobre los graves hechos que se le imputan. “De ser el caso, que entregue a la justicia los nombres de los responsables de dichos actos. De no proceder así, que renuncie”.

Antes del PSC, Morales inició su carrera política en el extinto Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), luego pasó a filas del movimiento Centro Democrático.

Otro caso puntual es el de Bolívar Castillo -cuatro veces alcalde de Loja- quien por lo menos en siete ocasiones ha cambiado de partido o movimiento político. Empezó en 1979 en el partido Concentración de Fuerzas Populares (CFP). Luego, en 1984, fue electo diputado de Loja por la Democracia Popular (DP).

En 1988 ganó la Alcaldía de Loja por la Izquierda Democrática (ID). En las elecciones de 1996 y 2000, fue reelecto burgomaestre por la DP y por el Movimiento de Integración Regional por la Equidad (MIRE), respectivamente. Su cuarto período lo logró, en 2014, con el movimiento Acción Regional por la Equidad (ARE), pero fue destituido en junio de 2018, al perder en una revocatoria de mandato.

El exprefecto del Guayas, Jimmy Jairala, es otro ejemplo de los cambios políticos. Él inició su actividad política en 2004 cuando aceptó, con el ex PRE, la candidatura a la Alcaldía de Guayaquil. En 2009 ganó la Prefectura del Guayas por el movimiento Una Nueva Opción (UNO). Luego, en 2012, fundó Centro Democrático. Y en alianza con PAIS, en 2014 fue reelecto a dicho cargo seccional.

Para el analista Franklin Moreno, las organizaciones políticas, con el fin de fortalecer en las urnas su respaldo popular, acuden a figuras sociales, deportivas o políticas que tienen una imagen de aceptación, pero sin un mayor escrutamiento de sus valores éticos y morales.

“Los partidos o movimientos políticos no analizan con profundidad aquello, que tiempo después da como resultado la deslealtad política hacia el partido que lo cobijó, y la deslealtad moral e individual de esa persona que convocó el partido”, indicó.

Moreno señaló que las organizaciones políticas no han cumplido con la capacitación a sus militantes, por lo que los jóvenes que respaldan o simpatizan con dicha tienda política “no han tenido una formación en democracia, en sociedad y en valores”.

La opinóloga Katya Murrieta no ve problema en que una persona que haya pertenecido a un partido político se cambie a otra organización. Comenta que el problema está en los requisitos que deben reunir los candidatos para que la ciudadanía tenga una mejor opinión respecto a quién van a elegir.

Por ello, cree importante hacer un examen psiquiátrico a toda persona que desee ocupar algún cargo público. “Por ejemplo, para ser asambleísta, no nos sirve una persona que sepa bailar, cantar o patear una pelota y que por eso el pueblo lo conozca (...), reconozco sus talentos, pero no sirven para ser buenos legisladores”. (I)

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