Karl Egloff corrió en la montaña más compleja del mundo

- 25 de junio de 2019 - 18:27
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Popularmente se conoce al monte Everest como la montaña más alta del mundo. Sin embargo, para el escalador ecuatoriano Karl Egloff, hay una más complicada y difícil. El Denali, en Alaska, fue un verdadero reto para él y que lo terminó con un récord mundial.

El ecuatoriano, de padre suizo y madre ambateña, subió y bajó de la cumbre en un tiempo de 11 horas y 44 minutos. Esta marca le otorga el récord de ser la persona más rápida en cumplir todo el trayecto. “Es una montaña con tanto desnivel”, dice el quiteño. La distancia que recorrió es similar a ir de Baños de Agua Santa hasta la cima del Chimborazo.

“Es el más difícil de los Seven Summit (la montaña más alta de cada continente) por lejanía, inhospidad y ser es la más compleja del proyecto. Mucha gente se refiere al Everest como la más difícil, pero es una montaña más civilizada que el Denali”, explica Egloff.

También se considera al gigante norteamericano como la más fría del planeta. El ecuatoriano la afrontó en un momento donde su piel estaba sensible a causa de las quemaduras que sufrió en la escalada a la pared sur del Aconcagua (Chile).

“Estábamos en un lugar muy remoto, uno de los más remotos del planeta tierra, no hay ni siquiera satélites en el espacio”, aclara. Para comunicarse con su guía y compañero de escalada, Nicolás Miranda, utilizaban una aplicación de GPS que permite enviar mensajes de texto. No había otra forma de interactuar.

El verano en el Denali es extremadamente frío en las noches, pero soleado en las mañanas. La temperatura puede variar de -40 grados centígrados a 25. Además, la particularidad es que no anochece, la luz nunca se va por completo. Egloff esperó siete días hasta que las condiciones climáticas le permitieran iniciar el ascenso.

Se demoró siete horas y 40 minutos en llegar a la cumbre, a 6.100 metros de altura sobre el nivel del mar. Al llegar a la cima empezó el descenso, primero con calma para luego acelerar el paso y correr. Sus piernas se hundían hasta las rodillas en la nieve, sorteaba a montañistas y turistas que querían trepaban el Denali y finalmente se empapaba con nieve que le caía en su cuerpo al correr el último tramo.

Llegó al piso y se desplomó, exhausto, muerto de frío, pero emocionado por superar el que considera fue el reto más complicado de su proyecto de escalada y batir el récord del español Kilian Jornet.

Ahora le restan tres montañas más: la Carstensz Pyramid de Oceanía, el Vinson de la Antártida y el Everest. Esta última la espera afrontar en no más de tres años, con la intención de seguir acumulando experiencia y conocimientos. (D)

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