Política de Trump causa dolor a padres migrantes

- 08 de julio de 2018 - 00:00
Foto: Internet

“Tolerancia cero” a los extranjeros indocumentados que entran a suelo estadounidense es lo que dispuso el Presidente de EE.UU. sin medir el impacto que tendría en miles de familias centroamericanas que fueron separadas en la frontera con México. La mayor afectación la tienen los niños que se sienten solos y abandonados por sus progenitores. Tras la suspensión de la medida, unas madres lograron reunificarse con sus hijos; otras sufren la angustia de no localizarlos.

Yeni González fue arrestada y separada de sus tres hijos en la frontera sur estadounidense el 19 de mayo. El martes se reencontró con ellos en Nueva York, convirtiéndose en otra Madre Coraje para los opositores de la política migratoria de Donald Trump.

Esta madre guatemalteca de 29 años pudo reunirse esta semana con sus hijos gracias a la movilización de cientos de voluntarios en todo Estados Unidos, en medio de un debate sobre la separación de familias migrantes en la frontera con México.

La práctica fue anunciada el 7 de mayo y aplicada hasta el 20 de junio, cuando Trump le puso fin, asediado por una avalancha de críticas a nivel nacional e internacional.

Las semanas de arresto sistemático a los indocumentados que buscaban cruzar la frontera, y eran separados de sus hijos menores de edad, bastaron para congestionar los tribunales y para que cientos de niños fueran enviados a centros de retención en todo el país.

La movilización para ayudar a González comenzó hace ocho días, cuando la periodista de Nueva York Julie Schwietert Collazo, de 40 años, escuchó en la radio a un abogado hablando de esta migrante guatemalteca y de sus hijos enviados a un lugar de acogida en Nueva York, un bastión a favor de la inmigración a miles de kilómetros de la frontera.    

Collazo lanzó una campaña de recaudación de fondos en el sitio web GoFundMe. Reunió $ 7.500 requeridos para la fianza que permitió sacar a González del centro donde fue detenida en Eloy, Arizona.

Quedaba por organizar su viaje a Nueva York. Muchos conductores voluntarios se turnaron durante cuatro días para que González pudiera cruzar EE.UU. de oeste a este. Una familia de Queens se ofreció luego a hospedarla. Otra recaudación en redes sociales, impulsada por la presentadora estrella de MSNBC, Rachel Maddow, ferozmente anti-Trump, logró hasta el martes $ 40.000, según Collazo.

Maddow lloró el martes en la emisión de su programa televisivo al leer una noticia de última hora sobre la decisión de la administración de Trump de enviar a bebés y niños pequeños separados de sus familias a refugios específicos para los más jóvenes.

El martes, una veintena de cámaras registraron el ingreso de González en los Cayuga Centers de Harlem, acompañada de su abogado y del congresista Adriano Espaillat, un inmigrante de República Dominicana llegado de niño a Estados Unidos.

Una hora y media más tarde, González salió con lágrimas en los ojos y expresó su alegría por volver a ver a sus hijos. Con voz quebrada, apenas audible, abrazó a Espaillat y agradeció a todos los que la habían ayudado. “Estoy muy feliz, mi corazón está lleno de alegría porque me dejan verlos, espero que todo esto termine pronto, porque todo lo que quiero es estar con ellos”, dijo en español, mostrando a los periodistas un chupetín que su hija le había dado.

Pero su batalla aún está lejos de terminar, dijo su abogado José Orochena. González no podrá recuperar la custodia de sus hijos de 5, 8 y 10 años hasta que se complete la toma de huellas dactilares, lo cual llevará “un mes en el mejor de los casos”.

Y no hay garantía de que su solicitud de asilo sea acogida; si es denegada serán expulsadas. Pero mientras tanto, González puede visitar a sus tres hijos todos los días si lo desea. Otra de las víctimas de la política de “tolerancia cero”, fue Christian. Tras hacer un viaje de 17 días que comenzó en Honduras y terminó en la frontera de Estados Unidos, fue detenido por ingresar al país de manera ilegal. “Me dijeron que yo había violado las leyes”, mencionó el hondureño de 23 años.

El hombre rompió en llanto cuando recordó que su hija, una nena de 5 años, temía más por él porque sabía que iría a prisión. La última vez que hablaron fue hace una semana, cuando un funcionario del departamento de policía local intervino para encontrarla en un centro de detención de Chicago.

Niño se cree abandonado

El caso de Miriam también fue recogido por los medios. Su hijo de 4 años de edad estaba dormido cuando los agentes de inmigración insistieron en separarlos antes del amanecer. “Sabiendo todo esto, no me vengo” a Estados Unidos, indicó la guatemalteca. Cuando fue arrestada, los agentes le hicieron creer que le regresarían a su hijo, que se lo llevarían donde estuviese detenida. Sin embargo, esto no ocurrió. Tras días de búsqueda localizó al niño en un centro de detención de Nueva York.

Según Miriam, una trabajadora social le dijo que el menor “piensa que lo abandonó”, que no quiere hablar y está molesto. No está claro cuándo podrá reunirse con su hijo. Mientras tanto, ya pidió asilo en Estados Unidos. (I)

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