Perú lucha por rescatar los nombres indígenas

- 03 de marzo de 2019 - 00:00
La artista Olinda Silvano, de la nacionalidad Shipibo – Konibo, cambiará su nombre en el DNI a Reshinjabe (Mujer de plumas de colores) Olinda.
Foto: tomado del Facebook de la artista

Antes las personas se llamaban Humay (bonita), Wayrq’aja (viento) o Inti (sol), pero esa tradición se ha perdido. “Tesoro de nombres” la recupera.

Nombres indígenas como Etsa, Shumay o Willka están resurgiendo en Perú desde el olvido, la marginación y la exclusión en la que han permanecido por siglos sin ser reconocidos oficialmente por sonar “raros”, incomprensibles o tener una escritura desconocida.

Hasta hace muy poco era casi imposible tener un nombre indígena en Perú, un país con 48 lenguas habladas por 55 pueblos indígenas, pero donde el año pasado la mayoría de los recién nacidos recibieron nombres anglófonos como Jhon o Dylan.

Para revertir esa tendencia, donde el mismo Estado era el primero en negar la identidad a los nativos, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec) inició la serie “Tesoro de nombres”, donde está recopilando los nombres de cada una de las lenguas originarias de Perú.

La iniciativa cobra importancia en este 2019, declarado por la Unesco como el Año de las Lenguas Indígenas para que se tomen medidas ante las casi 3.000 lenguas en peligro de extinción en el mundo.

Desde 2012 se han recuperado los nombres del quechua, la lengua nativa más hablada en América; el aimara, el jaqaru y los idiomas amazónicos awajún, wampis, matsés y shipibo-konibo.

“Es una herramienta para que sus miembros ejerzan derechos, principalmente el de nombre y el de la identidad étnica e individual”, explicó a la Agencia EFE el subgerente de investigación académica del Reniec, Danny Santa María.

El documento también sirve de guía para registradores que recorren el territorio peruano, pero negaban los nombres indígenas para aceptar otros castellanos, como Jesús, María, José o Jorge.

Preservar el idioma
Para la guía del jaqaru, lengua en peligro que solo hablan unos 600 peruanos en las alturas de la provincia andina de Yauyos, en la sierra de Lima, fue fundamental la lingüística Yolanda Payano, quien se entregó “en alma y corazón” para rescatar nombres como Shumay (bonita), Inti (sol), Wayrq’aja (viento) o Qajsiri (catarata).

La adalid del jaqaru recordó a EFE que su lengua ni siquiera era reconocido por el Estado peruano años atrás.

Santa María dijo que muchos nombres indígenas hacen referencia a elementos naturales o animales, con términos comunes como el Sol y la Luna (Inti y Killa, en quechua; Willka y Phaxsi, en aimara; Etsa y Nantu, en awajún).

Para que no se perdiesen, los aimara, en torno al lago Titicaca, convirtieron sus nombres en apellidos que hasta entonces no tenían.

Los wampis, en la frontera de Perú con Ecuador, usaban el nombre indígena aunque no figurase en el Documento Nacional de Identidad (DNI); y los matsés, cuyo hogar es el río Yavarí, en la frontera entre Perú y Brasil, creaban sus nombres al juntar el del padre y el de la madre.

La artista shipibo-konibo Olinda Silvano nunca pudo registrarse como Reshinjabe (Mujer de plumas de colores), hasta que el mes pasado salió la guía de los nombres de esta lengua que hablan más de 35.000 peruanos, la mayoría en la región selvática de Ucayali.

“Quiero que en mi DNI mi nombre figure como Reshinjabe Olinda. Mi nombre propio tiene que ir delante. Espero que todo el mundo lo haga porque el nombre viene desde nuestros abuelos y más allá”, dijo Silvano, quien hará el cambio para ella y su familia.

La mujer shipibo destacó la importancia que su cultura da a los nombres originarios como Roninkoshi (anaconda poderosa), Barirrina (reina del sol) o Metsákoshi (líder hermoso), pues son elegidos por los abuelos en función de sus visiones tras tomar ayahuasca y hablar con los “chaikuni” (espíritus protectores de la selva).

El Reniec registró unos 8.000 “janekón” (nombres verdaderos en shipibo), compuestos siempre por dos elementos: uno que puede ser común para hombres y mujeres como Kaná (rayo), Ino (jaguar) o Rono (serpiente) y otro que define el género. “Tienen que estar presentes los dos para que sea un ‘janekón”, apuntó Santa María.

Este año el Reniec recopilará los nombres en asháninka, la lengua indígena más usada en la Amazonía peruana, con 73.000 hablantes repartidos por regiones.

Entre ellos está Cinthya Gonzales, presentadora de “Ashi Añane” (Nuestra Voz), el primer programa de la televisión peruana en asháninka, quien cambiará su nombre por Shamaki Colla. (I)

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