Sindicatos paran contra el ajuste y FMI en Argentina

- 26 de junio de 2018 - 00:00
Peatones caminan por las avenidas céntricas de Buenos Aires, donde se paralizó el servicio de transporte público.
Foto: EFE

El país estuvo este lunes 25 de junio sin servicio de trenes, metro, buses ni vuelos. La huelga fue convocada por las centrales obreras para exigir un cambio en la política económica.

La Confederación General del Trabajo (CGT, peronista), con la adhesión de las dos vertientes en que está dividida la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA, centroizquierda), realizó este lunes su tercer paro general contra el gobierno de Mauricio Macri y también por sus políticas de ajuste impulsadas tras su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero el paro también apuntó contra el aumento de tarifas, por la reapertura de negociaciones salariales y un nuevo pedido por el cese de despidos.

Sin ómnibus, metro, trenes y vuelos, y el cierre de escuelas, bancos, gasolineras y la administración pública, la medida de fuerza tuvo una elevada adhesión en medio de cortes y “piquetes” en los principales puntos de acceso a las grandes ciudades por parte de partidos de izquierda.

El comercio tuvo una adhesión dispar, pero en general la huelga fue efectiva en las áreas urbanas con imágenes que mostraban las amplias avenidas de la capital argentina con escaso movimiento de automóviles particulares. El mismo panorama se observaba en las ciudades de Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del Plata.

Juan Carlos Schmid, miembro del triunvirato que comanda la CGT, dijo que el paro tuvo un “alto nivel de acatamiento” en el país. “No nos vamos a resignar que el ajuste pase a nuestras espaldas. El gobierno tiene que corregir el plan económico. Hay que cambiar la orientación del modelo económico que lleva al desastre al pueblo argentino”, sostuvo.

Otro miembro del triunvirato cegetista, Héctor Daer, fue contundente: “Queremos que cambien el modelo económico”.

El titular de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Roberto Fernández, cuyo gremio logró la paralización del transporte en el país, afirmó que “mañana el gobierno tiene que llamar a una reunión, no solo a la CGT, sino a empresarios, a la Iglesia. A todos, a gobiernos anteriores. Debemos buscar entre todos el camino a una economía coherente”, expuso.

Pero el presidente Macri dijo que las huelgas “no contribuyen en nada, no suman” al desarrollo del país. “No veo que haya habido un gobierno en décadas con tanta preocupación por el empleo, por el trabajador, por generar oportunidades (...). Hay que seguir haciendo lo que venimos en conjunto realizando, sentados en una mesa de productividad”, indicó.

El paro fue convocado por la central obrera para exigir un cambio en la política económica y el fin del ajuste pautado por el gobierno con el FMI por un préstamo de $ 50.000 millones para frenar una corrida cambiaria y un repunte inflacionario que amenaza cerrar el año en 30%. Los recortes incluyen  $ 9.000 millones en tres años.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, dijo que “el paro va a costar casi 29.000 millones de pesos (más de $ 1.000 millones). La única manera de sacar adelante nuestro país es trabajando”, sostuvo el ministro en su cuenta de Twitter.

La medida de fuerza no incluyó una movilización obrera como en otras oportunidades, aunque las agrupaciones de izquierda realizaron actos en distintos puntos del país. “El paro tuvo una adhesión del 90% de los compañeros”, indicó el dirigente ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero. Los militantes de izquierda, tras levantar los “piquetes”, realizaron su acto central en el Obelisco, el punto neurálgico del centro de Buenos Aires.

El líder del poderoso sindicato de los Camioneros, Hugo Moyano, extitular de la CGT, resumió el difícil contexto social que enfrenta la sociedad: en Argentina -dijo- “hay gente que no come”.

“La gente no pasaba antes las necesidades que pasa ahora. Con Cristina (Fernández de Kirchner) comía todo el mundo y ahora hay gente que no come”, sostuvo.

El gobierno tomó nota de la efectividad del paro, aunque tiene a su favor el gran descrédito y la división interna que rodea a los dirigentes gremiales. No obstante, funcionarios adelantaron que intentarán retomar el diálogo con la CGT en medio de un difícil panorama socioeconómico. (I)

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