Al borde de la cancha Adenaclay Gonçalves dos Santos observa el entrenamiento con los brazos cruzados. Tiene 29 años, pero en su cara lleva marcada toda una vida de lucha contra la precariedad.
“Vivo aquí porque no tenía ningún sitio a donde ir y conseguí comprar un terreno”, cuenta.
A los 16 años, esta mujer vestida de amarillo-Brasil, tomó un bus desde Alagoas (noreste ) y se pasó 3 días de viaje hasta llegar a Sao Paulo.
Aquí encontró a su marido y tuvo a su hijo. Al menos ahora tiene una vida estable como limpiadora en Guarulhos.
A Adenaclay lo que más le gustaría es que sus vecinos pudieran enfrentarse a los futuros campeones del Mundo aquí, en la cancha de tierra donde su hijo alimenta el sueño de convertirse en un futbolista reconocido a escala internacional.
“Si Dios quiere se hará realidad el sueño de toda la favela. Ellos se lo merecen, se esfuerzan mucho. Aquí hay una batalla diaria para ser alguien en la vida. Eso es mucho más difícil que ganar una Copa del Mundo”, asegura.
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