Militares registran con sus manos y detector de metales a los visitantes

- 17 de junio de 2019 - 00:00
Una mujer militar realiza la revisión manual a las mujeres durante el primer anillo de control de visitas.
Foto: Gerónimo Altamirano / El Telégrafo

Los cateos de hombres y mujeres se tornaron más intensos en las cárceles de Guayaquil, donde hubo siete muertes. Este dominfo 16 de junio se cumplieron dos meses del estado de excepción y el personal de las FF.AA. permanecerá hasta que concluya.

Mayté y su locuaz hermana menor esperaban su turno para que personal de las Fuerzas Armadas les pasaran el detector de metales y luego las revisaran manualmente.

Ellas llegaron muy temprano a la Penitenciaría del Litoral, asentada en el km 16,5 de la vía a Daule, norte de Guayaquil. Se ubicaron en la fila de la cárcel de mujeres, donde su madre está privada de la libertad.

Con un volumen de voz  bajo, como si se quisiera quebrar, Mayté mencionó la palabra microtráfico, delito por el cual su progenitora está en prisión, sentenciada a dos años y tres meses.

“Solo le faltan tres meses para recuperar la libertad. Quiero que salga porque mi hermana sufre mucho”, dijo la joven, que mostró su malestar por el comentario de que los familiares de los presos ingresan objetos prohibidos.

“Aquí nos pasan detectores de metales, nos revisan todo, pero adentro el registro es más intenso, prácticamente nos desnudan; entonces, ¿cómo vamos a llevar objetos? Tienen que revisar a los guías”.

Además, ahora no dejan ingresar a los niños para que los vean sus madres. Esa es una nueva disposición, por temor de que les pase algo adentro, dijo la joven.

El alférez de infantería de Marina Jonathan Gaibor explicó que una cabo se encarga de la revisión a las damas y se les pasa el detector de metales; a los hombres se les realiza un cateo y, asimismo, los registran de pies a cabeza para evitar que ingresen algún arma, billeteras o equipos electrónicos. También se les coloca un número en el brazo para constatar su salida.

El perímetro de la cárcel de mujeres está resguardado por ocho elementos de las FF.AA. y por cinco agentes del grupo de reacción. “Ellos actúan cuando los civiles generan caos”, señaló Gaibor.

El número varía en la cárcel de varones de la penitenciaría, donde ingresan entre 200 y 300 visitas, así como las personas que están con prelibertad y tienen que acudir los viernes, sábados y domingos a firmar en la casa de acogida que hay en el recinto penitenciario de varones.

Ahí estaba Daniel S., quien desde una malla de alambre de una de las paredes de la penitenciaría miraba a su esposa que estaba en la fila de la firma de presentación en la casa de acogida.

El hombre purga una pena por el delito de microtráfico. Le faltan 14 meses por cumplir. En el régimen semiabierto tiene que asistir a la casa de acogida para realizar trabajo comunitario.

Los militares del Quinto Guayas fortalecen la seguridad en la Regional Guayas, donde el registro de visitas es normal y más rápido. “Nosotros estaremos en este recinto penitenciario hasta que concluya el estado de excepción dispuesto por el Gobierno”, dijo uno de los uniformados.

Cada interno tiene dos horas para compartir con sus familiares y seres queridos, señala el Servicio de Atención a Privados de Libertad. (I)

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