Pobladores dependen de un río contaminado

24 de junio de 2011 - 00:00

César Castro recuerda que cuando  tenía 18 años lanzaba una peseta al río Daule y podía verla claramente en el fondo.  A sus 63 años de edad -ya han pasado 45- al caérsele algunos de los centavos que gana transportando  pasajeros en canoa en ese caudal, sabe que la moneda se esconderá  en las aguas turbias.   

En Balzar estaciona siempre su embarcación en las orillas de un paraje conocido como “Puerto Bonito”. Un espacio con árboles altos y frondosos  que rodean al río,  que recibe las descargas domésticas de la localidad, en las dos orillas. 

En el cantón Balzar, que pertenece a la provincia del Guayas,  actualmente viven  70.000 personas, según datos de la municipalidad.   

Sus habitantes tienen dos alternativas para descargar las aguas residuales de sus hogares: dejarlas caer en los pozos sépticos o eliminarlas a través de tuberías que desembocan en el Daule, el cual también llega hasta Guayaquil.      

Un estudio realizado por la Universidad Agraria del Ecuador, sobre el grado de contaminación del  afluente, determinó que en sus aguas    hay amoniaco “en concentraciones que afectan la vida acuática”.    

El amoniaco, según el documento, es la evidencia de que las aguas están contaminadas por heces humanas, aguas residuales de los hogares, sangre y excremento de ganado y fertilizantes.

En la mañana las aguas del Daule en Balzar muestran un tono café oscuro. Las aguas turbias que lanzan  dos tuberías   que desembocan en Puerto Bonito recorren sus orillas dejando a su paso una pestilencia que arrastra  la corriente.

En el trayecto hay un barrio llamado San Jacinto del Río, cerca del cual está Puerto Bonito, que presenta  tuberías que descargan aguas servidas.  

Francisco Pérez, uno de sus habitantes, cuenta que los dos desfogues se construyeron hace dos años por iniciativa de los vecinos. “Antes era peor, el agua salía de dos tubos grandes”.

José Chazi, director del departamento de ambiente de ese Municipio, reconoce que  los desechos sólidos de la población no son tratados en piscinas de oxigenación. “Algunos se  vierten directamente al Daule”.

Desde marzo de este año, el cabildo y la Asociación de Municipalidades del Ecuador planifican una intervención para descontaminar el Daule. Jorge Chazi, director de Ambiente del Cabildo, dice que se están investigando y elaborando propuestas para mejorar la calidad del agua.  

Este proyecto, en el que participa la Secretaría Nacional del Agua (Senagua), permitiría la construcción de piscinas para la oxigenación de los desechos sólidos que provienen de las casas, asegura Chazi.

La actual  administración municipal, indica,  se ha propuesto mitigar el daño que sufren las aguas. Por ello,  para construir una red de tratamiento de aguas servidas solicitarán un aumento del presupuesto municipal en julio al Consejo Provincial del Guayas.

Actualmente no existen ordenanzas municipales de regulación ambiental sobre la calidad del agua, manejo de desechos sólidos o empleo de agroquímicos. Este marco legal deberá crearse, dice el Director de Ambiente de Balzar.

“Este domingo tenemos una reunión con la Senagua para concretar el tema”, asevera el director de Ambiente. Él afirma que  el Municipio pedirá un incremento del presupuesto para iniciar el tratamiento de las aguas residuales.
Pero no solo las prácticas de los pobladores relacionadas con la agricultura y pesca resultan contaminantes. Hay pescadores que en sus faenas   emplean  dinamita y barbazo (material vegetal que mata a los pescados) y agricultores que utilizan plaguicidas prohibidos en la legislación del país.

Los investigadores de la Universidad Agraria encontraron rastros del Aldril en las aguas del Daule.
El uso de esta sustancia agroquímica se prohibió en Ecuador en 1983 a través de un reglamento. 
El municipio de Balzar adelanta que quiere fomentar el eco y agroturismo en la zona. Por esta razón, el cabildo reconoce que debe descontaminarse el río, para que el número de turistas se incremente.

Polución en el estero Pajuí

En el Camal Municipal de Balzar, que está ubicado a la derecha de la carretera, matan diariamente a 10 reses. La demanda de carne aumenta, sobre todo, los domingos. Ese día en el matadero se faenan hasta 20 vacas.
Paola Yosa, quien vive a pocos metros del matadero,  preocupada por la disposición de los desechos  el año pasado, realizó una investigación como estudiante en la extensión de Daule de la Universidad Agraria.

En sus indagaciones descubrió que en el matadero existe un canal por el que corren la sangre y los restos del animal muerto, “que    desembocan en invierno en el estero Pajuí”. 

Mientras relata su historia llega caminando un sujeto, habitante de la zona,  que se identifica como “Cuatro”. 
Él considera que el canal del matadero no representa ningún daño para el ambiente. “En invierno las aguas corren para el Pajuí, pero es solo en esta fecha”, aclara.

Las vacas pastan junto a la puerta del camal. Junto a ellas se ha construido un cuadrante de cemento con paredes y aberturas. Es el cuarto en el que las matan.

El canal fue abierto junto al matadero.  Los restos del cuchillo sobre la carne,  la sangre y los fluidos del animal, aunque no es hora de faenar, reposan cuagulados sobre la tierra.  

Gente usa agua con coliformes

Los habitantes de los cantones Palestina, Santa Lucía y Balzar utilizan el  Daule como piscina, baño, lavadora y fuente de alimentos.

Al medio día llegan con jabón de tocador y de ropa, lavacaras y cuchillos.
Snyder Briones (11) vive en Santa Lucía y todos los días se baña en el río. “He visto cacas”, dice riendo y luego corre a lanzarse un clavado.

El informe de la Universidad Agraria determinó que hay presencia de coliformes fecales en las aguas del Daule que pasan por las poblaciones de Balzar, Daule y Colimes.

La investigación señala que hay una: “Perturbación severa para consumo humano, baño, natación y flora y fauna”.
Pero para los amigos de Snyder,   Carlos Contreras (14), David Álvarez (11) y Luis Calle (10) el río es una piscina y un lugar que les ayuda a  matar el hambre del medio día. “Pescamos dos veces a la semana”, dice Carlos, quien raspa con un cuchillo la piel del pescado, que se esparce en la escalera donde  se reúnen las mujeres y los niños que habitan por el sector.

Gustavo Tomalá, técnico encargado de las aguas residuales del Municipio de Daule, dice que desde el 2006 se implementó un sistema de alcantarillado que incluye el tratamiento de las aguas en lagunas de oxidación que costó aproximadamente $3  millones.

“La contaminación la producen los cantones que arrojan el agua al río directamente sin tratamiento”, señala.
Este municipio del Guayas indica que actualmente realizan un estudio para medir el grado de contaminación.

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