Los formales e informales pelean ventas en U. Estatal

20 de octubre de 2011 - 00:00

A las 06:00, en los alrededores de la Universidad de Guayaquil (UG), el movimiento de los locales comerciales, distribuidos entre las calles Kennedy, Safadi y Pedro Gual, es casi nulo. Los primeros en aparecer son los vendedores ambulantes de agua de hierbas, café y chocolate.
“A partir de noviembre o diciembre, gracias a quienes buscan un cupo para los preuniversitarios,  la venta es mejor”, comentó Daniel Quinde, uno de los que provee este sencillo desayuno que, con un sánduche de mortadela y queso,  vale menos de $1.
La competencia, afirmó, es poca. “Pocos son los que madrugan para trabajar... pero dentro de poco verá que se pone difícil”.

Conforme avanzan las horas, el comercio comienza a tomar fuerza, dentro y fuera de la ciudadela universitaria. Aproximadamente a las 07:00, cuando la mayoría de las facultades han iniciado las clases matutinas, los locales que se hallan dentro de estas unidades comienzan a ofrecer alimentos, copias y materiales para los estudiantes.

En la Facultad de Ciencias Económicas, Martha Carrillo ofrece productos variados en un espacio implementado debajo de la escalera principal de la unidad académica. Locales similares en cuanto a ubicación se encuentran en Jurisprudencia, Filosofía y Ciencias Matemáticas.
“Creo que la venta allí es una de las mejores”, afirmó Carrillo. En aquello coinciden varios propietarios de los aproximadamente 30 puestos que existen al interior de la ciudadela universitaria.

“Sin embargo, no creo que se deba ser tan permisivo con los informales”, comentó uno de los propietarios de quioscos en el parque universitario, que prefirió la reserva del nombre.
En cada entrada de la ciudadela universitaria, especialmente en las que conducen a las facultades de Filosofía, Ciencias Administrativas y Medicina, los vendedores de jugos, pasteles y mote se multiplican con el paso de las horas.

Entre las 09:00 y 15:00,  dentro y fuera de la Universidad, los informales se mantienen en gran número (al menos 5 por cada uno de los 5 accesos a los predios, sin contar a quienes consiguen trabajar adentro). Su presencia ha sido cuestionada por quienes cuentan con puestos facilitados por el Municipio de Guayaquil y la UG.

Mario Cáceres, quien lleva 4 años en uno de los quioscos municipales, comentó que los informales cuentan con la complicidad de docentes y conserjes para evadir los controles que realiza el Cabildo.

“La Policía Metropolitana, en este caso, poco puede hacer porque los comerciantes o se refugian dentro de las facultades o sencillamente mencionan quién les otorgó el permiso para estar allí”, indicó Cáceres.

La fotoperiodista asignada por este Diario para cubrir el tema, incluso, fue abordada por alguien que se identificó como empleado universitario quien le solicitó una autorización del Rectorado para hacer gráficas de los vendedores informales. “Solo para que se dé cuenta”, dijo Cáceres. “Como si los estudiantes también debieran pedir permiso para hacer fotos en el parque”. 

En las afueras de la UG, los locales de comida representan más del 80% de la preferencia de sus propietarios. Su actividad se desarrolla entre las 07:30 y 10:30, que es el lapso en que los estudiantes tienen oportunidad de consumir lo que ofrecen. Tan solo un local de la franquicia Oki Doki permanece abierto pasada la medianoche.  

Más de 80 locales comerciales, entre restaurantes, cyber, bazares y cabinas, existen alrededor de la UG.

Marcos Quije lleva 5 años preparando desayunos, almuerzos y meriendas en la calle Kennedy. Aunque reconoció que la venta en el lugar es buena, esta fue bajando conforme aumentó la competencia.

“Nosotros también tenemos que ganar el sustento de alguna manera y la universidad o el Municipio no facilitan los trámites”, comentó María, una vendedora de tripita mishqui, quien trabaja en la entrada de la Facultad de Administración.

Los únicos informales que cuentan con el apoyo de los dueños de locales y quioscos son aquellos que ofrecen recargas de teléfonos celulares o representan alguna franquicia como Yogoso, Avena Polaca, entre otros.
“Ellos, al menos, tienen autorización”, dijo Quije, quien solicitó un mayor apoyo de las autoridades.
Un documento presentado el año pasado por el Vicerrectorado Administrativo señaló que se trabaja en la depuración del comercio.

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