Los charrúas vibran con la clasificación a octavos

- 21 de junio de 2018 - 00:00
Delia Zárate grita con alegría por la clasificación de Uruguay a octavos. Diez aficionados charrúas vieron el partido en el local del “Negro” Muniz.
Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

Tomaron impulso algunas veces, pero solo saltaron una. Con euforia pasiva, varios aficionados uruguayos celebraron la segunda victoria de su selección en la Copa del Mundo Rusia 2018. El partido ante Arabia Saudí lo observaron en Las Parrilladas Uruguayas, restaurante ubicado al norte de Quito que desde hace 32 años tiene José María el “Negro” Muniz, un exvolante charrúa que militó en Universidad Católica en 1984. Con la mirada fija en una de las dos pantallas que estaban al fondo del local, los ciudadanos rioplatenses liberaron sus sensaciones según lo que ofrecía el cotejo. La ilusión era una luz que se encendía con los ataques de Cavani y Suárez, pero se apagaba con el velo de la decepción al no acertar en el arco del meta Mohammed Al-Owais.

La ansiedad, que sudaba frío en los corazones de los hinchas, se cortó a los 22 minutos del encuentro. Un error de Al-Owais en la salida durante un tiro de esquina ejecutado por Carlos Sánchez, le permitió a Suárez rematar de izquierda y convertir.

“¡Goool!” se escuchó en coro, los artículos de vidrio vibraron frente a la sonoridad... “¡Vamos, Uruguay! ¡Carajo!” “¡Arriba Uruguay!”... Las vibraciones continuaron.  

El momento sísmico pasó, los hinchas se acomodaron en sus asientos. Jennifer Sauer, de 34 años, una médica hematóloga residente en la capital ecuatoriana desde diciembre, sacó un termo negro y un recipiente. Era momento de tomarse una infusión de mate.

El primer tiempo terminó, las emociones eran variadas. Estaba bien ganar, pero el desempeño colectivo no convencía.

Germán Trías, de 30 años, hincha de Peñarol, cree que con apenas dos partidos el elenco aún está “frío”. Es más, todas las selecciones bregan en estas primeras fechas por salir de su estado criogénico. “En octavos veremos equipos distintos”. Programador de informática, alojado hace un año en Ecuador, Germán confía en que Uruguay tiene los atributos necesarios para avanzar a la final.

Al frente, ataviada con chompa y sombrero celestes, su madre, Delia Zárate (59 años), no hablaba de llegar a la final, pero sí de ver al plantel de su país en las etapas decisivas. Lamentó que este sea el último proceso mundialista del “maestro” Óscar Washington Tabárez, un técnico que, a su entender, le devolvió protagonismo a Uruguay. 

El segundo tiempo llegó. Los  “hijos del desierto” se atrevieron y pusieron contra las cuerdas al combinado sudamericano. La situación no incomodó a los fanáticos que están acostumbrados a sufrir, a ver a su representativo sacar el resultado a punta de “garra charrúa”. Heber Trías (69 años), esposo de Delia, sintió que el combinado actual lleva en los pies la herencia de los campeones planetarios de 1930 y 1950. Destaca que el portero Fernando Muslera le acaba de igualar a Ladislao Mazurkiewicz, quien actuó en las décadas del 60 y 70, el número de presencias mundialistas. Ambos goleros suman 13 partidos. El duelo terminó, ¡Uruguay, en octavos!  Muniz se acercó a la mesa, unió en un abrazo a sus compatriotas, un nuevo coro se desprendió de sus gargantas: “Soy celeste, soy celeste, celeste soy... ¡Vamos! ¡Arriba Uruguay!”. (I)  

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