Mafalda: historia, análisis y frases en este, su medio siglo

29 de septiembre de 2014 11:18

En 50 años cambiaron muchas cosas del mundo pero el mundo sigue siendo en esencia el mismo. Uno de los instrumentos más precisos para medir esto es cualquier tira cómica de Mafalda. La niña entre inocente y profundamente reflexiva creada por el historietista argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón -mejor conocido como Quino- confirma que 50 años no es nada y que el mundo fue y será... el mundo, en 1964 y en el 2014 también. Y no hay que olvidarse que, como decía Mafalda: "No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta".

La magnitud del alcance de Mafalda queda evidenciada por los homenajes que ha recibido, especialmente por estas fechas. Francia, España y Argentina se han rendido a sus pies. Quino fue declarado el martes pasado Doctor Honoris Causa de la estatal Universidad de Buenos Aires (UBA), mientras se desarrollan varias exposiciones sobre el personaje: "Quino por Mafalda", que se puede ver en el Museo del Humor en la Costanera Sur de Buenos Aires; "Mafalda en su sopa", que se exhibe en una sala de la Biblioteca Nacional en el barrio de Palermo; y también "El mundo según Mafalda" en la Usina del Arte de La Boca.

"Me siento el Felipe de mi historieta, apabullado y chiquito por recibir un título como este", dijo Quino al otorgársele el título honorífico en la sede del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires por parte del rector de esa casa de altos estudios, Alberto Barbieri, la semana pasada.

Quino, de 82 años, recibió en mayo de este año tardío pero merecidísimo Premio Príncipe de Asturias, convirtiéndose en el primer dibujante en llevarse un galardón que en su historia había ido a parar a manos de nombres como Ryszard Kapuscinski o Umberto Eco, quien por otra parte es confeso admirador de la niña. Poco antes, en marzo, le había sido concedida la Legión de Honor, la más importante distinción de Francia, en el Salón del Libro de París.

8

"Mafalda decía lo que ningún diario decía y de una manera tan elegante y sutil que no podía ser censurada", dijo en esa oportunidad la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.

El recorrido de Mafalda por las viñetas empezó oficialmente -con un intento previo dentro de una campaña publicitaria poco antes- el 29 de septiembre de 1964 en el semanario Primera Plana de Buenos Aires. En ese momento Quino llevaba diez años publicando sus trabajos en diferentes medios y diez años después de dar a conocer a Mafalda, decidió dejar el personaje, que de todas formas nunca lo dejó a él.

Quino solo volvió a dibujar a Mafalda ocasionalmente, por ejemplo para Unicef o, en 1987, tras un fallido golpe de Estado contra el por entonces presidente argentino Raúl Alfonsín.

Para entonces, Quino ya era ciudadano universal. Natural de Mendoza, hijo de inmigrantes andaluces, a los años 90 adquirió la doble nacionalidad española y desde hace un buen tiempo una escultura de Mafalda descansa sentada en un banco ubicado a pocos metros de la casa donde vivía el autor en el barrio de San Telmo.

¿Qué diría Mafalda del mundo en el 2014? Tendría sin dudas mucho material. "No sé qué diría", confesó el propio autor al recibir el Príncipe de Asturias. Tal vez no haga falta más de Mafalda ni sea necesario que Quino vuelva al papel porque sus reflexiones, lúcidas, profundas, inteligentes y al mismo tiempo simples, no precisan ser reformuladas y resisten al tiempo.

"Dicen que el hombre es un animal de costumbres, más bien de costumbre el hombre es un animal", "Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre", "Hoy entré al mundo por la puerta trasera": hay una variedad que no deja de sorprender en el vasto universo de Mafalda. "Nunca pensé que Mafalda estaría vigente después de 50 años, me conmueve mucho este homenaje", aseguró Quino.

El creador detrás del gran personaje
Nacido en Guaymallén, provincia de Mendoza, Argentina, el 17 de julio de 1932, Quino no solo es humorista gráfico sino también un pensador. Su apodo no es casual: lo utilizaban en su familia para diferenciarlo de su tío, que al igual que él se llamaba Joaquín y era ilustrador.

Por fuera del universo de Mafalda, Quino ha publicado más de una veintena de libros de humor, en su gran mayoría dedicados al público adulto y con grandes dosis de humor negro. El más reciente de ellos, editado en 2012, se titula ¿Quién anda ahí? Además, desde ese mismo año, doce libros de Mafalda están disponibles en formato e-book de Kindle, traducidos al idioma inglés. Junto con ese lanzamiento, la obra completa de Quino tiene un lugar en las redes sociales y en la página web oficial del artista. Una versión animada de Mafalda también existe desde los años 90, aunque no con la popularidad que obtuvo la original en el papel.

Mafalda es denuncia y reflexión. Pero en su esencia, entendida como su identidad frente a la experiencia, se disponen estratégica, virtuosamente, una serie de contextos secundarios que terminan de definirla para hacerla emblemática para los millones de fanáticos que tiene en todo el mundo. 

Filósofa ilustre

Quino decía, modesto, que las ideas le llegaban de pronto, como regaladas. Al mismo tiempo creaba, por ejemplo, una viñeta en la que un hombre desesperado le imploraba a su médico: "Por terrible que sea quiero saber la verdad, doctor, ¿es ser humano una enfermedad incurable?". El filólogo español José Manuel Hinojosa Torres sostiene que esa pregunta, sin ningún tipo de respuesta, es la que determina todo el recorrido en la carrera del dibujante: "Su forma de ver el mundo en ningún momento es inocente. Tiene una mirada ácida, corrosiva, propia de alguien que ha contemplado al ser humano en toda su amplitud y ha decidido que éste carece por completo del más absoluto de los sentidos".

El espíritu filosófico de Mafalda se forja a partir de esta tribulación. Pero la nena lo excede y, para tragedia de sus atribulados padres, con cuyos razonamientos no se deja contaminar, transforma en globitos de diálogo las grandes dudas existenciales del ser humano.

Una metáfora de los 60

En los contundentes, definitorios, años 60, Mafalda aún no tenía aparato de TV. A Susanita la increpaba: "¿Soy un bicho raro por no tener TV?". Eran tiempos de Beatles, guerra, armas nucleares, racismo, comunismo, ideales y feminismo. Sus planteos y dilemas eran propios de toda la generación que atravesaba esa década agitada, pero que todavía permitía la esperanza. Quino manifestaba la incertidumbre de esos días que prometían cambiar la Historia apelando a metáforas, alegorías y estereotipos. Así como la sopa fue símbolo del abuso de los poderosos, Susanita representaba el deseo casi vulgar por lo extremo de conseguir marido para ser madre de muchos hijitos, y Manolito era la versión vernácula del capitalismo que se venía.

Retrato de la clase media

"La familia es la base de la sociedad", lee Miguelito. Entonces se pregunta, compungido: "¿La de quién? La mía no tiene la culpa de nada". La clase media es el terreno natural de la tira. Pero en ese microcosmos social de barrio porteño en los 60 cada personaje estaba diferenciado por su ideología y vicisitud generacional. Mafalda era la abanderada de una clase media argentina que se había creído lo que le habían prometido y exigía que le cumplieran las promesas. Su padre, empleado de una compañía de seguros, y su madre, un ama de casa colapsada, nadaban en la resignación. Es la niña la que tira al aire, como granadas para esos papás sin respuestas, sus deseos de que las cosas vayan mejor.

El feminismo

"Si debía inventar un personaje, debía tener rasgos muy reconocibles, como esa mata de pelo. A medida que la publicaba fui conociéndola", contó Quino sobre las horas de creación de Mafalda. En ese punto primario tal vez ignoraba a dónde llegaría la agudeza de la pequeñita. Como cuando le pregunta a Raquel, luego de pasearse por la pila de ropa que ésta tiene para lavar y planchar: "Mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras?".

Mafalda nació en tiempos en que Betty Friedan ponía en debate la situación de la mujer a través de su Mística de la feminidad, libro publicado en 1963 y premio Pulitzer un año después. Pero en su cosmos de San Telmo compartía techo con una madre que abandonó la facultad para dedicarse a la familia, y vereda con Susanita, la chismosa obsesionada con una prole descomunal.

Cintura política

El desembarco en Vietnam, la Noche de los Bastones Largos y la fuga de cerebros, la amenaza china, Fidel, la Guerra Fría... Mafalda se dibujaba mientras el mundo cambiaba al compás de estos sucesos. Las referencias políticas en la tira, sin embargo, y según Quino, "siempre fueron más bien de una política de la condición humana, no de ciertos regímenes". De chico había vivido la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, el fascismo y la Guerra de Corea. Estos dramas marcaron su infancia e influyeron en su obra. Inclinado hacia un socialismo renovado como opción al capitalismo que reprobaba en sus viñetas, su Mafalda, simple y contundente, molestó a gobiernos, sufrió censura y debió optar por transmitir sin decir. Ridículo, varias veces fue tomada prestada por los mismos autoritarios a los que denunciaba. En cierta ocasión recibió desde España un sticker de Guille levantando una bandera franquista.

Según los ojos de una niña

"Se trata más de meter el bisturí que de hacer cosquillas", sostuvo siempre Quino para reforzar el carácter incisivo de la tira y alejarla de la simple carcajada. Aunque la leen los más pequeños y la protagonista es una nena, las niñitas de primaria no andan, como ella, desquiciando a sus padres con dudas existenciales. Apenas nacida para publicitar electrodomésticos, al dibujante se le antojaba como una chiquitina caprichosa. Cuando empezó a publicarse con más regularidad tuvo que aprender a escucharla. Umberto Eco la definió como "una heroína iracunda que rechaza el mundo tal cual es, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres".