El peso político de incendios, fenómeno El Niño y volcanes
Ecuador es una zona de riesgo. Eso nos lo han dicho desde siempre los expertos. Su ubicación geográfica y su condición de país andino, atravesado por una cordillera, con un callejón de volcanes y además en el mar con dos corrientes marinas, nos coloca en esa condición, con ciertas ventajas y peligros.
Y en este año parecería que a ello se suma un factor muy frecuente ya en los últimos años: el cambio de los ciclos y estaciones, expresión real y potente del cambio climático que vive el planeta.
Por muchos años esto fue menospreciado y hasta desvirtuado en los planes de desarrollo, urbanidad y crecimiento de nuestros pueblos y ciudades. Bajo el supuesto prurito religioso de que Ecuador no sería destruido por terremotos, sino por malos gobiernos, hemos dejado de lado muchos planes preventivos, pero sobre todo perdimos una mirada integral del trabajo colectivo, conjunto y coordinado de los gobiernos central y locales.
Duele mucho mirar que ahora las poblaciones cercanas al volcán Cotopaxi crecieron y surgieron sabiendo que corrían riesgos y hasta mortales consecuencias si ocurriese una explosión.
Algo parecido pasa con todas las poblaciones costeras donde, desde siempre, ocurren inundaciones cuando se produce el fenómeno El Niño, aquella corriente de agua cálida.
A todo eso ahora se añaden, con más impacto en los últimos años, los incendios forestales en los alrededores de Quito y otras ciudades. Al principio eran provocados por campesinos o pobladores rurales para limpiar el rastrojo, pero ahora ya hay indicios de que son autoría de pirómanos o personas con intenciones no muy claras. Hace dos años, en la alcaldía de Augusto Barrera, la capital, de pronto, fue asediada por incendios. El año pasado se redujeron considerablemente y en este verano reaparecen con una fuerza inusitada. Pero a pesar de que sabemos que la mayoría de los incendios es provocada también es cierto que los gobiernos locales no han podido trabajar en esas zonas con los barrios y sus organizaciones para la prevención y para la reparación efectiva.
Por todo ello, queda claro que estamos en una región geográfica que exige de todos sus ciudadanos, autoridades, instituciones, planes concretos y una mirada mucho más inteligente para afrontar estos riesgos y esta condición natural.
Eso es hacer política como sinónimo de servicio y atención a los seres humanos, a la naturaleza y al planeta. No basta con defender a la Pachamama en las calles o en unos cuantos discursos o banderas, sino entender dónde estamos y qué riesgos corremos. Todo ello sin olvidar que no son solo los seres humanos los más afectados, sino también la flora y la fauna. Duele la muerte de tres bomberos, pero no sabemos (y quizá por eso no nos duele tanto) cuántos animales y plantas originarias desaparecieron, sin dejar de lado toda la contaminación causada. (O)
Muere Yorgelys Delgado, la recordada ‘Fabiana’ de Salserín, tras terremoto en Venezuela
Vozinha, el arquero que perdió ante Argentina pero ganó el respeto de Messi
Francia sufre, pero vence a Paraguay y sigue con vida en el Mundial 2026
Marruecos golpea en el segundo tiempo y despide a Canadá del Mundial
Desbordamiento del río Zamora deja cinco fallecidos y 10 personas extraviadas
Alias ‘Gato Negro’ ya está en El Encuentro tras ser capturado en Colombia
“La única manera que México gane…”: hermano de Gonzalo Plata se refiere a presuntas amenazas a la Tri
