WikiLeaks o lo que queda por saber de nuestra “historia”

27 de abril de 2012 - 00:00

Quizá nos sorprendan ciertos detalles, incluso algunas “obviedades”, según se vea. Podría ser motivo de “silencio” cuando no provoca escándalo, así ha sido cierta prensa ecuatoriana. Hasta podríamos invocar ciertas “sospechas” para no hacer noticia. O también solo recibir en privado felicitaciones, porque en “público” esas personas que nos escriben ya no serían invitados a una recepción en cierta embajada o porque ya no las entrevistarían en algunos medios.

Todo eso se entiende y hasta justifica, por el respeto a cada criterio y opinión. Lo que sí genera duda y hasta sospecha de fondo es que la historia del Ecuador no está bien contada, ni siquiera por sus propios actores o por ciertos historiadores, muchos de ellos también invitados o “fuentes” de la embajada estadounidense.

Nuestra historia, sobre todo la de los últimos 30 años, ha estado marcada por la inestabilidad política, la crisis económica y la convulsión social.

Y en los tres escenarios hay actores ocultos, personajes que no nos han dicho ni han revelado hasta dónde un país extranjero inducía, influía o definía las causas o las salidas a esos temas. Por ejemplo, en las caídas de tres presidentes elegidos constitucionalmente, que por los motivos que fuesen dejaron el poder, ¿qué hizo esa embajada?

Los cables revelados estos días en este diario ponen en entredicho, incluso, esas declaraciones rimbombantes de los líderes de opinión y autoridades que hablaban de la defensa de la democracia y de sus instituciones, pero que al leer los cables encontramos otras razones.

Por eso mismo, la historia del Ecuador no puede estar llena de porosidades. La memoria, por doloroso que sea asumirla, debe contener todos los elementos para considerar una perspectiva de futuro con base en el pasado bien contado. De ahí que lo publicado sea una modesta contribución que nadie puede menospreciar, y menos silenciar.