Tres cantones amazónicos muestran al mundo sus fascinantes atractivos

- 29 de mayo de 2018 - 16:51
Foto: Carlos Novoa | et

Quijos, El Chaco y Tena, cantones de la provincia de Napo, poseen una impresionante diversidad de atractivos turísticos, tanto naturales, culturales e históricos. A más de la impresionante belleza de la selva amazónica que esta extensa jurisdicción posee, existen museos, hosterías y reservas faunísticas a disposición de los visitantes.

Museo de Baeza

A un costado de la iglesia antigua de Baeza, cabecera cantonal de Quijos, se encuentra un inmueble con características tradicionales; en él reposa un legado arqueológico, tecnológico y religioso de tiempos pasados. Wilson Gutiérrez es el custodio de este patrimonio cultural del lugar, denominado Museo de Baeza.

Este emprendimiento familiar  inició hace 10 años, cuando Wilson empezó a recolectar piezas y reliquias de los habitantes de la ciudad, incluso los traía de otros lugares para ir armando esta pinacoteca que hoy es visitada por turistas nacionales y extranjeros, además de estudiantes.

El museo está en el interior de una estructura de madera. Está dividido en dos ambientes: en uno se cuenta la historia de la población en fotografías y una maqueta en miniatura; en el otro hay 150 piezas arqueológicas, trajes de santos, vírgenes y priostes que datan de los años 1700.

Allí se puede admirar incluso herramientas y equipos periodísticos como cámaras de video y fotográficas de los años 20, las cuales se conjugan artefactos domésticos de los años 80 y 90, entre ellos equipos de betamax, juegos electrónicos y otros.

Muchos de los objetos han sido donados por personas de la comunidad, según detalla el custodio del museo. “La generosidad de los vecinos permitió la apertura de este espacio. El objetivo es permitir que las futuras generaciones conozcan los orígenes de su cantón, y cómo se fue apuntalando para entrar al nuevo milenio”, dijo Gutiérrez.

Quienes lo visitan pueden apreciar, por ejemplo, gráficas que cuelgan en las salas acompañadas de una leyenda que detalla el pasado de Baeza; piezas de cerámica y de piedra como hachas y utensilios de moler. Una réplica de una cabeza reducida, conocida como tzantza, es parte del conjunto de reliquias. La reducción de cabezas se atribuye al pueblo indígena Shuar.

Además, se guardan varias imágenes de santos, vestidos de la Virgen del Quinche, misales escritos en latín, rosarios, una filmadora antigua y un piano. Este museo guarda toda la riqueza cultural del siglo pasado, se encuentra a dos horas de la capital, y es uno de los principales atractivos de la antigua Baeza, la cual fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 1995.

Sacha, símbolo de la supervivencia animal

Sacha, es un tapir que se ha adaptado perfectamente al Parque Amazónico La Isla, ubicado en el cantón Tena. Tiene 11 años, llegó cuando apenas era un cachorro, y fue entregado al refugio por una familia que lo había encontrado abandonado en la selva.

Jorge Grefa, custodio municipal del lugar, se define como el ‘padre adoptivo’ de Sacha, pues lo cuida desde el primer día que el ejemplar llegó.

“Rápidamente se adecuó al sitio, a las personas que visitaban el parque y a los demás animales con los que convive. Esto se debe a que el parque posee características similares a la selva donde esta y otras especies amazónicas conviven”, dijo.

El animal es tranquilo y amistoso, por eso quienes lo conocen se acercan para acariciarlo y tomarse fotos con él. “Es muy disciplinado, tiene un horario fijo de alimentación: en la mañana come a las 09h00 y en la tarde a las 15h00. Su alimentación se basa en vegetales y frutos, sus hábitos son amigables con las personas”, agregó Grefa.

En su cuerpo, corto y robusto con cola corta y una trompa casi similar a la de los elefantes, oculta un chip que hace meses le implantó personal técnico de la Municipalidad de Tena para monitorear sus pasos y su desarrollo. A Sacha se lo puede visitar al interior del Parque Amazónico La Isla (PALI) de Tena, de lunes a domingo de 08:00 a 17:00

Un rincón cultural en El Chaco

Guillermo Andrade Silva, de 52 años, es un tungurahuense residente en el cantón El Chaco desde hace 28 años. Nacido en Baños de Agua Santa, es músico, pintor, artesano y hotelero. Tiene una hostería en las cumbres de la ciudad llamada ‘La Guarida del Coyote’. Allí lleva casi dos décadas ofertando servicios de alojamiento para turistas nacionales y extranjeros.

Apasionado por la pintura desde adolescente, estudió en el colegio de Bellas Artes en Baños y luego Artes Plásticas en la Universidad Central, donde no pudo concluir su carrera. Empero aprendió a hacer lienzos que hoy expone en la galería de su hostal. Allí se exhiben además cuadros de reconocidos paisajes, incluso de la misma ciudad de El Chaco y de famosos personajes de trayectoria local y nacional.

Esas mismas ilustraciones universitarias, le sirvieron para realizar esculturas en bambú y madera; en la recepción del hotel, se pueden apreciar imágenes de animales, personajes, y una marimba, obras esculpidas en este material.

“Hasta aquí llegan con frecuencia estudiantes y especialistas en pintura y fotografía de varias ciudades y naciones, para admirar y aprender de las muestras permanentes. Ellas han sido elaboradas con diversas técnicas y materiales, en ellas se plasman la belleza amazónica”, dijo Andrade. Su trabajo artesanal ha sido reconocido por su carácter profesional, por lo que desde muchas partes de Napo, la región y país le han hecho pedidos.

Sus creaciones son conocidas por alcaldes, autoridades y empresarios.

Un espacio del hostal, ha sido acondicionado como taller, donde trabaja junto a otra persona que le ayuda. Guillermo cuenta orgulloso que varias pinturas hechas por él, reposan en un museo religioso en Baños.

Otro sitio dentro del hotel, lo ha convertido en un pequeño escenario donde se presentan cantantes locales y nacionales. Cuenta que este es un valor agregado para los visitantes, quienes pueden escuchar canciones modernas y folklóricas. Sus cuadros también proyectan paisajes andinos y de personas que han marcado un precedente en El Chaco. Cada obra tiene un valor de $ 30 a $ 500 dólares.

El ingreso al lugar no tiene costo y puede ser visitado todos los días. (I)

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