Así estamos: ¿Qué motivos inciden para que el productor no tecnifique su cultivo? ¿Hay apoyo estatal?

El arroz mejora con ayuda de la tecnificación

- 31 de diciembre de 2019 - 00:00
En algunos sectores del Litoral se continúa con la siembra manual de las plántulas o lechuguines de arroz.
Foto: César Muñoz / El Telégrafo

En el país hay arroceros que usan las herramientas tecnológicas con buenos resultados en lo económico y productivo. Sin embargo, dice el Ministerio de Agricultura, hay otros que valoran gastar menos en la siembra para evitar alguna pérdida tras la cosecha.

Las bajas producciones de su arroz -entre 2 y 3 toneladas por hectárea (t/ha)- fue una de las causas que vio Alfredo Mancilla, del recinto Cedral, de Babahoyo, para darle un giro a su negocio.

Desde hace 10 años, poco a poco tecnificó sus 50 ha de cultivo con una idónea nivelación del suelo y el uso de semillas certificadas, con los que alcanzó producciones de entre 5 a 6 t/ha.

Para fumigar el arroz, utiliza maquinaria especializada y muy poco el sistema de drones. También implementa el arroz de trasplante, que es un semillero que se hace en una piscina aparte para luego sembrarlo en el área destinada.

Según Mancilla, como la tecnificación no se la hizo de inmediato, sino a medida en que había los recursos, invirtió alrededor de $1.000 por ha. Además, en 22 de sus 50 ha implementa el arroz soca, que es un brote que bota la planta después que se la cosecha, ya que allí queda un residuo de la raíz.

Con este sistema, el costo de producción baja al 50%, es decir, un aproximado de $ 600, y se logra una producción de 4,5 y 5 toneladas/ha.

La tecnificación de un cultivo implica inversión, capacitación, asesoramiento técnico y buenas prácticas agrícolas para aumentar productividad. Sin embargo, en el sector arrocero, no todos acogen este sistema, siendo una de las causas el tema cultural.

Para el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), muchos arroceros no invierten en tecnificación porque valoran gastar lo menos posible, sin estimar el retorno que recibirán post inversión.

El uso de todo tipo de mejora que aumente la productividad del cultivo, bajo estrategias eficientes y amigables, es considerado como tecnificación.

Por ejemplo, planes de fertilización, manejo del suelo y procedimientos y prácticas de cultivo adecuadas, control apropiado de herbáceas perjudiciales, insectos y enfermedades, buenas prácticas de conservación de suelos y agua, uso de maquinaria, entre otros.

Además, la investigación permitió que hoy existan variedades de arroz con altos rendimientos y con menos tiempo en su desarrollo.

“Antes teníamos variedades de 120 o 150 días, pero actualmente es de apenas 100”, señala Jhon Franco Rodríguez, de las carreras agropecuarias de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil.

Los beneficios de la tecnificación son variados y dependerán mucho de los recursos del productor.

Carlos Villamar, de la Asociación Agrícola Agropecuaria 2 de Octubre de Salitre (Guayas), manifiesta que el MAG quiere ayudarlos en la tecnificación de los predios y así obtener mejores rendimientos de la gramínea.

En su cantón, solo el 20% de las aproximadamente 50.000 hectáreas de arroz están tecnificadas. La idea de Villamar es obtener, en poco tiempo, una producción de 50 a 60 quintales por hectárea; actualmente llega a 20 o 30 qq/ha.

Mientras que Rafael Guerrero, presidente de la Cámara de Agricultura de la II Zona, ve importante la implementación de centros de mecanización para que el productor alquile un tractor o motocultor y así prepare el suelo.

Datos del Sistema de Información Pública Agropecuaria (SIPA) indican que el país posee una superficie aproximada de 315.976 hectáreas de arroz y un rendimiento promedio de 5,61 toneladas/ha., el cual es mayor al registrado en 2017, que era de 5,03 t/ha. (I)

DATOS
315. 976 son las hectáreas cosechadas de arroz con las que cuenta el país, según el Sistema de Información Pública Agropecuaria (SIPA).

20% del total de hectáreas del cantón Salitre, en la provincia del Guayas, no está tecnificado.

5,61 toneladas por hectárea es el rendimiento promedio de la gramínea, mayor al registrado en 2017, que fue de 5,03 t/ha.

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