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El Telégrafo
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Los asesinatos en el estado de Río de Janeiro crecieron un 23,6% en marzo

La seguridad se vuelve una prioridad en Brasil por descontento social

La Policía Militar de Río de Janeiro mantiene ocupadas las tres favelas consideradas las más peligrosas de la ciudad. Foto: EFE
La Policía Militar de Río de Janeiro mantiene ocupadas las tres favelas consideradas las más peligrosas de la ciudad. Foto: EFE
06 de mayo de 2014 - 00:00 - Agencia AFP

Manténgase juntos, no acepten bebidas de desconocidos, no visiten las favelas y no olviden el repelente de mosquitos, son algunos de los consejos que varias embajadas han dado a los aficionados al fútbol que visitarán Brasil durante el Mundial que se inaugurará el 12 de junio.

Las sugerencias para los hinchas remitidas por las embajadas de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Argentina llegan al tiempo que Brasil se apresura para tener todo listo para la Copa.

El evento mundial llega en un contexto de descontento social en el país organizador por su elevado coste; además, por las deficiencias de los servicios públicos y por la violencia en sus ciudades.

La mayoría de las acciones criminales se concentra en las favelas, donde las llamadas Unidades de Policía Pacificadora (UPP) luchan contra las bandas del crimen organizado y los narcotraficantes.

En Río de Janeiro en particular, ciudad que será sede de siete partidos, incluyendo la final del 13 de julio, son también frecuentes los asaltos y robos a mano armada.

En ese sentido, este fin de semana, las autoridades hicieron públicos datos que revelan el aumento de la tasa de homicidios. Los asesinatos en el estado de Río de Janeiro crecieron un 23,6% en marzo, en comparación con el año pasado, y un 10% en la propia ciudad de Río, según las cifras publicadas el sábado pasado por el Instituto de Seguridad Pública de Río de Janeiro.

Por otra parte, los robos aumentaron en una tercera parte en los barrios cercanos a la playa, como la famosa zona turística de Ipanema, uno de los lugares más afectados.

El pasado mes, un joven tiró del collar de oro de una mujer, mientras era  entrevistada en directo para dar su opinión sobre el alza de los actos criminales en  un canal de televisión local.  

El secretario de Seguridad Pública del Estado, José Mariano Beltrame, anunció que otros 2.000 militares serán destinados a Río de Janeiro durante la Copa del Mundo.

Los militares, que integrarán la Fuerza Planalto, están entrenados para enfrentar acciones terroristas y ataques químicos. El Ejército tendrá a su disposición vehículos blindados, ametralladoras, radares de suelo, helicópteros, más de 400 vehículos y ropas especiales contra ataques químicos, según informó la estatal Agencia Brasil.

“La Fuerza Planalto actuará en el eje de la defensa, aplicando todas las características y capacidad operacional del Ejército, para proveer seguridad y defensa, para que el Mundial pueda transcurrir en un ambiente de armonía y tranquilidad”, comentó José Mariano Beltrame.

Según el comandante de la Policía del Ejército, el teniente coronel João Felipe Dias Alves, los militares fueron entrenados para garantizar la seguridad de quienes asistirán a los partidos y actuar contra cualquier acto de terrorismo y sabotaje.

“Las manifestaciones son una preocupación de la seguridad pública. Estamos preparados para actuar como fuerza de contingencia, si fuera necesario”, afirmó. Brasilia será sede de siete partidos durante el Mundial y se espera que varios jefes de Estado pasen por la capital brasileña durante el torneo.

DATOS

Río de Janeiro puso ayer en marcha un dispositivo policial diseñado para garantizar la seguridad durante el Mundial de Fútbol 2014. Más de 2.000 agentes se sumaron a los operativos que ejecutan los militares.  

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha instado a reprimir con rigor la violencia en el fútbol después de que un hincha del Santa Cruz de Recife murió tras un ataque de los aficionados del Paraná en el partido disputado el pasado viernes. Según Rousseff, estos actos violentos no mancharán la organización del Mundial.  

Las autoridades brasileñas esperan que durante la Copa lleguen más de 600.000 turistas de diferentes partes del mundo. Eso ha generado incrementos sustanciales en los precios de los pasajes aéreos, menús en restaurantes y en tarifas hoteleras.

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