El septuagenario ensayista ha dedicado su vida a pensar sobre la cultura

Tinajero: "Nunca escribí para recibir homenajes"

- 23 de octubre de 2015 - 00:00
Lectores de varias generaciones se dieron cita en la librería de las calles Germán Alemán y Juan Ramírez. Mario Egas / El Telégrafo

El septuagenario ensayista ha dedicado su vida a pensar sobre la cultura

En agosto de 1967 apareció Más Allá de los dogmas, el primer libro de ensayos de Fernando Tinajero, en una serie de publicaciones de la Casa de la Cultura, que incluyó a Entre la Ira y la esperanza, otro ensayo, del intelectual Agustín Cueva (1937-1992). Los títulos fueron recordados por el docente Diego Araujo Sánchez, la noche del pasado miércoles, en un homenaje que se le dio a Tinajero, reciente ganador del Premio Eugenio Espejo.

“Las dos son obras de mirada crítica, polémica, novedosa y penetrante acerca de la cultura ecuatoriana”, dijo Araujo, frente a los lectores que llenaron la librería Rayuela. El papel de los intelectuales, la sociedad, el arte y la literatura en el país son materia frecuente de las reflexiones de Tinajero, quien, para Araujo, tiene “una mirada iconoclasta y renovadora” a la vez.

El autor del libro A Contravía recordó una definición del filósofo José Ortega y Gasset en sus Meditaciones del Quijote: “El ensayo es la ciencia menos la prueba explícita (...), hay una cuestión de honor intelectual en no escribir nada susceptible de prueba sin poseer antes esta, pero es lícito borrar toda apariencia apodíctica dejando las comprobaciones meramente indicadas en elipse, de modo que quien las necesita pueda encontrarlas y no estorben, por otra parte, la expansión del íntimo calor con que los pensamientos fueron pensados”. El rigor y la ciencia serían partes irrenunciables del ensayo pero, según Araujo, al descargarse del ‘peso explícito de la prueba’, serían asideros de formas subjetivas, nuevas formas de mirar las cosas y constituirse en poderes creativos e iluminadores.

El Siglo de Carrión y otros ensayos (Fernando Tinajero, 2014) es un recorrido a través de la figura de Benjamín Carrión con un sentido que toma prestado del escritor checo Milan Kundera, quien considera que “solo la novela puede llegar a los subsuelos de la especie y del tiempo, a los ignotos pliegues y ocultos recovecos a los que está vedada la entrada a la ciencia”. Pese a esta constatación, la obra de Tinajero está constituida más por ensayos que por su única novela, la cual hubiera iniciado una trilogía a la que el autor no dio continuidad.

El ensayo, ha dicho Tinajero, incorporando a la historia, “es literatura y mirada apresurada, si se quiere, sobre un siglo complejo y admirado”. La definición del filósofo no da espacio a ningún tipo de arrogancia y describe su obra como —y con el tono sociológico que lo caracteriza— una “leve mirada de turista que atraviesa pasajes temporales y va tomando de ellos apenas una sombra, un chispazo, una fugaz composición de alguna imagen y que cambia fácilmente la dirección de la mirada, como los pájaros cambian la ruta de su vuelo”.

Pensador de la cultura, la “condición maleable del ensayo” le permitió a Fernando Tinajero tener una actualidad inusitada, que se proyecta al futuro de una forma abstracta que “fabrique un mundo donde quepamos todos”, uno donde “la palabra deje de ser intransitiva”.

La exigencia estética de Tinajero en sus letras ha hecho que las lecturas que puedan hacerse de sus argumentos tengan una recordación comparable a la que acometían intelectuales como Octavio Paz, Alfonso Reyes o Carlos Monsiváis, una prosa que tendría comparación, a escala local, en los ensayos de Alejandro Moreano, otro intelectual de izquierda, de ideas incombustibles, “contemporáneas”, en palabras de Araujo, quien ha escrito Inquisiciones, Diacronías y Sincronías de 19 ensayistas ecuatorianos.

La autocrítica es, quizá, el mayor factor en la legitimidad intelectual de un pensador humilde, que se oculta de la pomposidad de los homenajes para agradecer a quienes lo nombran. Una característica que no le quita vigor a sus afirmaciones, como la vocación parricida de su primer ensayo, en el que escribió: “los jóvenes intelectuales que hoy iniciamos nuestra acción, no podemos menos que volvernos contra nuestro pasado para negar su validez (...), asesinar a nuestros predecesores y hacerlo sin piedad. Somos, en cierto modo, sus hijos, puesto que de ellos recibimos esta cultura que nos incomoda”.

Las reflexiones de Tinajero tienen un legado que él reconoce con modestia auténtica. En la noche del homenaje dijo estar desconcertado: “Nunca escribí para ganar premios; escribir fue una manera de entenderme a mí mismo, algo que todavía no he conseguido, y entender el mundo en que vivo”. (I)

Datos

Fernando Tinajero es doctor en filosofía por la Universidad Carolina de Praga (República Checa) y ha ejercido la cátedra en varias universidades, nacionales y extranjeras.

Es autor de varios ensayos sobre el proceso de la cultura en el Ecuador, entre otros: Aproximaciones y distancias (1985); Teoría de la ‘cultura nacional’ (1986); De la evasión al desencanto (1989); Para una teoría del simulacro (1991); Un problema mal planteado (1995); Un hombre, una época, un libro (2004); El último decapitado (2009) y Gangotena y la ‘cultura nacional’ (2011). Su única novela iba a iniciar una trilogía y se titula El desencuentro (1976).

El Premio Eugenio Espejo le fue entregado a Fernando Tinajero, Pilar Bustos y Luis Cumbal, en el 40 aniversario de este galardón. El filósofo se ha negado a editar sus ‘Obras completas’ mientras esté vivo.

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