Un registro visual de la Constituyente se deteriora

- 15 de agosto de 2017 - 00:00
Una parte del material se editó en el documental Nariz del diablo, el cual aborda el proceso constituyente.
Foto: cortesía

Pepe Yépez busca desde hace 5 años una entidad interesada en migrar el material que registró para hacer un archivo.

Hace 10 años, Rafael Correa Delgado –vestido con camisa de tocados indígenas en el pecho, un saco, pantalón de tela y zapatos de suela– llegó a poner la primera piedra de Ciudad Alfaro, en Montecristi.

Al expresidente lo acompañaban algunos sectores sociales, campesinos, curiosos y un individuo disfrazado del general Eloy Alfaro, en representación del hombre que gobernó el país con la propuesta de una Revolución Liberal, a inicios del siglo pasado. El proceso que comenzó Correa junto con su movimiento político tomó como bandera la imagen de Alfaro y este no podía faltar en aquel acto, aunque sea como un disfraz. Junto con él, Correa ponía -simbólicamente- la primera piedra del lugar donde sesionaría una Asamblea para elaborar la nueva Constitución que regiría en el país.

“Alfaro, hazte para acá, muévete”, le decían los camarógrafos al hombre del disfraz que figuraba al lado de Correa. Ambos parecían los personajes de un cuento, de una historia que iniciaba. “Patriotas, este es el mejor símbolo de que la Revolución Ciudadana, bajo el espíritu de Alfaro, es invencible y tendremos la victoria histórica el próximo 30 de septiembre”, decía Correa respecto a la fecha de las siguientes elecciones, con las cuales se elegiría a los asambleístas de todo el país.

Toda esa historia la registró el documentalista guayaquileño Pepe Yépez. En el documental La muerte de Jaime Roldós, de los cineastas Manolo Sarmiento y Lisandra Rivera, aparece Gabriel Tramontana en su archivo cinematográfico. Frente a la cámara dice: “Aquí está la historia de Ecuador”. Yépez creía que él también podría registrar un fragmento de esa historia y que no debía dejar pasar ese momento en el que, a pesar de las voces opositoras, se sentía un optimismo generalizado (constatado en las elecciones) por construir lo prometido: “Un nuevo país”.

Yépez armó un equipo y se dedicó a registrar el proceso que piensa como el momento “más democrático que ha vivido el país”, en lo que va del nuevo siglo. Si bien su propósito fue trabajar el documental al que llamó Nariz del diablo y que se estrenó en 2009, acordó registrar todo cuanto pudieran.

De esa iniciativa quedaron 360 horas de archivo que ahora están a punto de dañarse y por el cual Yépez, al considerarlo un momento histórico y un material de investigación, lleva 5 años en el intento de conseguir una institución que financie su migración a un nuevo formato y, con ello, su sobrevivencia.

“Al pretender hacer una película sobre el proceso constituyente quisimos trabajar también con las organizaciones y movimientos sociales”, dice Yépez.

En las grabaciones que el documentalista conserva en su casa, en cintas de Mini DV, hay sesiones en la Asamblea y la llegada de decenas de miles de personas que querían su voz en la Constitución.

Su trabajo se convirtió en una radiografía del proceso en el que se involucró todo el país y por ello no solo estuvieron en Manabí, sino también en la Amazonía y en la Sierra, documentando los distintos movimientos que surgieron a partir de la Constituyente. También grabaron unas elecciones en Venezuela y un referendo en Bolivia, en 2009 y 2010, respectivamente.

 “Si rodábamos solo para la película tendríamos de 50 a 70 horas de material. Eso hubiera sido lo normal, pero nos dimos cuenta de que era preferible tomar todo lo que podíamos con la idea de construir un archivo”, explica el autor.

Su propuesta es migrar la información del formato digital del Mini DV a discos duros y que se pueda conservar en un espacio óptimo y abierto para investigaciones. Para Yépez, lo óptimo es que posteriormente este material se pueda digitalizar y acceder a él en internet. La única condición para la institución que quiera conservarlo es que su autor sea quien migre el material, para garantizar el trabajo final.  “Pero aún no lo consigo”.

El cineasta teme que, como ocurrió con el archivo de Tramontana, del cual hay solo una parte preservada en la Cinemateca Nacional, este material se pierda. “Tenemos cero cultura archivística. No hay conciencia de la importancia de los archivos, ni por el lado de la empresa privada ni por el sector público. Los canales, por ejemplo, reciclaban sus casetes y borraron su propia historia. Es un delito de lesa humanidad no conservar un archivo de sus propias producciones. Se ha perdido ahí la mayor parte de la memoria audiovisual del país”, concluye Yépez. (I) 

Datos

Una de las opciones para sostener el archivo que registró el equipo documental de Nariz del diablo será entregarlo a la Cinemateca Nacional.

El pasado julio, un grupo de cineastas emitió un comunicado en el que piden que esta institución, adherida al Sistema Nacional de Cultura que creó la ley del ramo, se enrumbe como un proyecto de investigación, archivo, rescate de obras, catalogación, digitalización y preservación.

Actualmente, la Cinemateca Nacional, como otras instituciones del Sistema Nacional de Cultura, se encuentra en un proceso de sistematización y regularización.

Tras la renuncia de Wilma Granda, de la dirección de la Cinemateca Nacional, actualmente esta se encuentra a cargo del actor y cineasta Diego Coral. (I)

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