“No escribo para vender, pero si pudiera vivir de esto, encantado”

05 de enero de 2014 - 00:00

Soldado G3113 de Hans Behr fue la obra ganadora de una encuesta digital en la que EL TELÉGRAFO preguntaba a los usuarios de Internet cuál fue el mejor libro ecuatoriano de 2013.

Al cerrarse, la votación arrojó un resultados que colocó a la novela de Behr (43%) por encima de obras como Conejo ciego en Surinam (Miguel Antonio Chávez) o El lenguaje de la piel (Modesto Ponce), libros que recibieron críticas favorables al interior de las esferas literarias.

El autor ganador, Hans Behr, no suele precisamente formar parte de las esferas literarias: titulado como tecnólogo de alimentos, durante años ha combinado su vocación de escritor con sus trabajos como visitador médico y luego al frente de una línea de alimentación infantil, sobre todo de lácteos.

Behr, que ha publicado cerca de una decena de libros en 27 años, cuenta que antes, para mantener el ritmo, cada noche escribía de 22:00 a 02:00. Ahora, su horario ha cambiado: se despierta antes de las 05:00, y escribe entre una hora y hora y media, cuando ya el día empieza a ser el de una vida normal.

En tres décadas ha publicado una serie de libros de cuentos y novelas, la mayoría de ellos ganadores de premios en distintos concursos a lo largo del país. Destacándose entre ellos el Aurelio Espinosa Pólit obtenido en 2009 por su novela Maratón, presentada en el concurso originalmente como Acaso si lloviese.

Se podría decir que su obra es para público infantil y juvenil. ¿Por qué ese segmento?

Siempre quise incursionar en la literatura infantil. El punto de partida para tomar esta decisión fueron los momentos en que le contaba cuentos a mis hijos. Eran historias creadas por nosotros. De niños, a todos nos gustaba que nos contaran cuentos. Si los niños tuvieran poder adquisitivo... los escritores de cuentos infantiles seríamos millonarios.

Hace poco fue un poco más allá y publicó una novela para niños...

Hice un cuento infantil sobre cosas familiares: La promesa y otros cuentos, que fue finalista en un concurso. Con los años, se volvió una novela: Casita Casona Casuna, publicada por Norma, y que ahora se promueve en los colegios. Es el libro que más he vendido: 4.700 ejemplares. Talvez 5.000.

Usted tiene vocación literaria, pero es un escritor peculiar. Usualmente, los autores viven de dar clases en universidades o en el periodismo. Usted trabajó en empresa farmacéutica y ahora en Ecuaquímica, pero desde joven se destacó como escritor. ¿Cómo se decantó por hacer una carrera en Tecnología de Alimentos?

Todos somos luchadores de la vida y enfrentamos las cosas que se nos presentan. Yo quería trabajar para ganar dinero porque tenía las ambiciones de todos: tener un carro, una casa... Son cosas materiales, pero necesarias. Me incliné por esa carrera, pero también escribía. Justo en el periodo universitario me fui a España a representar a Ecuador en un encuentro de creadores jóvenes.

¿De qué forma conviven su profesión y su vocación literaria?

Al inicio yo era visitador médico, y con los años, eso se compaginó con la literatura pues viajaba bastante. Vi las realidades de algunos lugares. Conocí Chone, Bahía, me trepé al barquito para ir a San Vicente antes del puente... No es nada del otro mundo, pero para mí era nuevo. Y un escritor es un descubridor. Esos descubrimientos me fueron alimentando. El signo mío es el viaje.

En promedio, ha publicado un libro cada 3 años. Pero hubo una década en blanco. ¿Qué pasó?

En parte tuve una pelea con la literatura.

Usted mencionó una decepción con la Casa de la Cultura. ¿Tuvo algo que ver?

Bueno, sí. Pero eso ahora es solo una anécdota.

¿Qué anécdota?

Cuando era chico veía los libros de la Casa de la Cultura, y yo quería estar ahí. Y a los 18 años ya había ganado concursos de cuentos y me recomendaron el taller de la CCE del Guayas. Y aunque era joven, era un perro viejo para escribir en otros estilos. Yo presenté un cuento sobre un cantante gringo, y me cuestionaron porque era gringo y porque cantaba country. Que por qué no era un cholo que cantara pasillo. Fue mi primer y último día.

Retomando lo anterior: 10 años retirado es un periodo peligroso. Es decir, se puede perder ritmo, presencia, y talvez, ventas.

Yo no hago literatura para vender. Aunque si pudiera vivir de la literatura, encantado. En ese periodo descubrí algunas cosas. Que me gustaba escribir sin escribir, sin publicar. Ahora escribo algo, y cuando el pozo se seca, como decía Hemingway, me salto a otro. En esos años escribí Casita Casona Casuna, Maratón, Soldado G3113, Las luces de la felicidad y  Errantes y embusteros. Tres ganaron premios.

Volvió con fuerza...

Me instalé en serio. En 2009 concursé con Maratón en el Premio Aurelio Espinosa Pólit y gané. Luego Norma me preguntó si tenía libros infantiles, y en ese entonces, mi cuento La promesa había evolucionado a Casita Casona Casuna,que ahora es la novela que más he vendido, y es la que más me he divertido escribiendo, porque tienes que divertirte escribiendo. Y más aún si es para niños.

¿Cuántos ejemplares se han vendido?

Según el último informe, 4.700. Talvez en este momento ya sean más de 5.000. Fue buena la venta. Y entonces apareció Soldado G3113,cuyos números, teniendo en cuenta que fue publicado hace poco, también se ha vendido muy bien: en junio eran 2.700 los ejemplares que Norma había distribuido en colegios de varias ciudades.

En Casita Casona Casuna, la protagonista se llama como su hija, Alejandra. ¿La literatura es siempre hablar de uno mismo?

Siempre uno va a estar en alguna parte de la historia. Por ejemplo, en Soldado G3113, el protagonista tiene una relación especial con su perro, un pastor alemán. Igual que yo. Entonces, en varios fragmentos hablo de mí mismo. Pero eso no siempre es así. Justamente Soldado G3113 es una novela que se originó de una “guerra de guerrillas”. El tema no lo pensé yo.

¿Cómo es eso?

Siempre quise escribir para jóvenes, y un hijo mío hizo una encuesta en varios colegios. Según los resultados, una de las cosas sobre la que más les gustaba leer era la Segunda Guerra Mundial, nada de lobos ni vampiros. Entonces escribí algo sobre la Segunda Guerra Mundial. Tenía que pensar a los personajes desde cero. Entonces encontré un cementerio virtual, donde aparecen los nombres de muchos muchachos jóvenes que murieron en esa guerra. Ahí capté a mi personaje.

¿Escribió un libro a partir de una estrategia de marketing. Hablaba de eso con “guerra de guerrillas”?

No. Cuando hablé de guerra de guerrillas, me refería a la elección de la encuesta que hicieron ustedes. El libro se ha vendido en muchos colegios, y yo he estado personalmente ahí, dictando charlas. Al parecer, les ha gustado. El colegio Margarita Bosco hizo un concurso para cambiarle el final, porque se quedaron con ganas de saber qué pasó después de que termina la historia. Creo que la fuerza para el triunfo de Soldado G3113 en la encuesta estuvo en los lectores juveniles.

Cómo hacer una campaña fuera de Internet...

En realidad yo me enteré por casualidad de que mi libro estaba incluido. Vi en Facebook que mi amigo Miguel Antonio Chávez invitaba a votar por su obra Conejo ciego en Surinam. Entré a votar por el suyo, y me encontré con que en la lista también estaba el mío.

Para ser un escritor de varios premios, usted no es del mundo de la literatura. ¿Por qué?

No. No lo soy, aunque tengo varios amigos escritores, como Maritza Cino y Ernesto Torres, un doctor que como yo no frecuenta ese mundo. Pero es porque yo tengo mi trabajo, mi familia y escribo. Si ya solo para la vida social familiar soy un ermitaño... pero uno se casó y hay que estar.

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