Murakami: "La rutina es muy importante para mí"

- 09 de noviembre de 2018 - 08:38
El autor japonés dijo ayer que su única obsesión literaria son los gatos. Se comparó con la figura de un agricultor, en tanto defiende las rutinas de trabajo y escribe cuatro horas diarias, sin falta.
Foto: Marco Salgado / EL TELÉGRAFO

Ecuador es el primer país que el escritor japonés visita de América del Sur. Cerca de 2.000 personas lo escucharon en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura. Este viernes viajó a Galápagos.

Durante dos días, el célebre escritor japonés Haruki Murakami recorrió las calles de Quito, sobre todo las del Centro Histórico, donde estuvo hospedado en un hotel esquinero con una vista integral a la Plaza de la Independencia.

A pesar de su breve estadía en la capital, el autor de Tokio blues conserva dos imágenes de la ciudad que, quizás, puedan ser el germen de una nueva historia. “La gente no fuma en la calle y las mujeres usan más pantalón que falda”, dijo la noche del pasado jueves ante 2.000 personas que acudieron al Teatro Nacional para escucharlo hablar sobre gatos, sexo, violencia y sus rutinas de escritura.

Sorprendido por la gran cantidad de gente que llenó la sala y que gritaba su apellido como si fuera un rockstar, Murakami, vestido como un turista que está listo para caminar largos trayectos, dijo sentirse como Bruce Springsteen, “excepto que yo no canto”, soltó entre risas.

Ecuador es el primer país que el autor visita de Sudamérica. Antes solo había estado en México y Jamaica. El escritor llegó a Quito como “abrebocas” de la Feria del Libro, que empezó este viernes, cuando Murakami ya había partido hacia Galápagos en compañía de su esposa. 

“Como escritor sé que nuevas experiencias atraen nuevas inspiraciones, eso pasa con frecuencia. Japón y Ecuador están tan distantes el uno del otro, separados por el océano Pacífico, hablamos diferentes idiomas y tenemos un pasado distinto, pero si las historias son suficientemente buenas pueden significar un idioma común entre nosotros. Ese es el fin último de mi profesión, poder comprendernos a través de las historias”, dijo Murakami en un inglés pausado, antes de que lo entrevistara públicamente Raúl Pérez Torres, ministro de Cultura, quien leyó una introducción sobre el autor de más de diez minutos.

Un hombre rutinario
Los libros de Haruki Murakami –traducidos a más de 40 idiomas- son consumidos en todo el mundo a ritmos frenéticos. Aun cuando sus historias están cargadas de música, misterio, violencia o surrealismo, el autor de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo lleva una vida solitaria y rutinaria, y le gusta escribir novelas gordas.

“Cuando era adolescente leía novelistas rusos, como Tolstoi o Dostoievski que escribieron libros largos. Entonces creía que si la novela que  tenía era larga sería mucho mejor.  Cada vez quiero hacer novelas más largas. Pienso que soy como un agricultor, escribo unas cuatro horas al día. Es por eso que la rutina es muy importante para mí, me permite organizarme”.

Murakami se levanta a las  04:00 para escribir, no se considera una persona religiosa, dice que su única obsesión literaria son los gatos y reconoce que las escenas de violencia que narra, probablemente, surgieron de las historias que su padre le contó cuando fue enviado como soldado a la guerra en China.

“Una vez Borges dijo que un escritor tiene cinco temas que se repiten una y otra vez, incluso hasta la muerte. Quizás a mí me pase lo mismo. Cuando Borges sacaba un nuevo poema sus amigos le decían que ese poema ya recitaba hace diez años, y puede que sea verdad. Los escritores tienen temas limitados sobre los que escriben y es natural volver a los mismos. En todo caso, los gatos son mi obsesión”, reflexionó entre risas ante un auditorio que lo aplaudía con insistencia.

Defensor del suicidio como un derecho de las personas, la muerte combinada con el sexo es un tema que ronda en varias de sus novelas.

“Mucha gente piensa que los escritores tienen vidas emocionantes, pero no pienso así. Incluso si vivimos vidas ordinarias, calladas, podemos ser algo salvajes. Quizás yo sea de un nuevo tipo”, dijo con algo de orgullo y reconoció que solo se siente vivo cuando escribe. “La muerte sería el ya no poder escribir”, remató. (I) 

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