Lina Meruane, escritora (Chile, 1970)

Meruane: “La palabra activismo es poner el cuerpo en la calle”

- 23 de septiembre de 2019 - 00:00
escritores.org

La autora de Contra los hijos (ensayo) y Sangre en el ojo es una de las invitadas a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil. Su obra nos invita a repensar el cuerpo y la maternidad.

Lina Meruane escribió Contra los hijos. En este ensayo explora los casos de mujeres que, en el siglo XX, truncaron sus vidas literarias por asumir su rol de madres y cómo ahora, un momento en el que es posible vivir sin hijos, como autoras que sí despegaron de sus carreras, hay una serie de imposiciones sociales que hace que las mujeres replanteen sus decisiones. Meruane cuestiona cómo se piensa en suma ser mujer+madre, cuando al final se le resta el ser mujer. Su obra literaria, en cambio, transforma a personajes, a partir de la enfermedad, y estos ponen el cuerpo para transformarse y dominar.

La contratapa de Contra los hijos parafrasea el Manifiesto comunista, el libro más provocador del siglo XIX en Occidente. ¿En qué medida quería plantear un manifiesto provocador?

Lo hice en tono provocador porque me parece que el tema está cubierto desde el punto de vista analítico, desde el punto de vista de las académicas, de las pensadoras y teóricas. Quería hacer una intervención política breve que generara respuestas reflexionadas en relación al tema materno, que me parece que vuelve a entrar en uno de sus períodos más conservadores.

El cuento de la criada de Margaret Atwood se ha convertido en un emblema de protestas que buscan en varios países la despenalización del aborto. ¿Le parece que esta ficción se asemeja a lo que ocurre en la realidad?

El cuento de la criada de Margaret Atwood es una novela distópica. Se piensa en el trasfondo de una guerra en la que ha muerto mucha gente y en la que se ha perdido la capacidad de procrear, por lo que las mujeres que sí tienen esta capacidad son reclutadas de manera obligatoria y agresiva para que tengan los hijos de los hombres que dominan la política en ese instante. Es un poco lo que veo en este momento, en el que hay una serie de ideas de lo moderno, de lo contemporáneo, de lo libertario vis a vis, un nuevo control de la mujer y de su cuerpo en cuanto un cuerpo reproductivo.

Sin embargo su libro no trabaja en la idea del aborto, empieza desde el orden social…

Mi libro no trabaja la escena del aborto, y esto es algo que estoy escribiendo ahora para otro ensayo que viene, espero, el próximo año. Pero, en efecto, las políticas contrarias al aborto son una intervención en la posibilidad de no tener hijos. Es decir, es una política reproductiva en favor del aumento de la población, y no solo del incremento de la población, sino, como ya sabemos, de la vuelta de la mujer al hogar, obligada a tener hijos.

¿En qué medida piensa su trabajo en la literatura y el ensayo como activismo?

Sí pienso que toda escritura es política, ya sea para confirmar o contradecir las ideas que circulan y se aceptan en el espacio público. Pero también pienso que sí es político un best seller, en la medida que confirma todos los lugares comunes y, por lo tanto, gusta a un público más mayoritario, más masivo y tal vez menos crítico. La literatura que a mí me interesa es política en el sentido de que contradice o cuestiona todos esos saberes y lugares comunes. Tal vez eso sea una literatura activista, que se compromete con el cuestionamiento o la problematización de lo que sabemos o de lo que nos han dicho, y en ese sentido se postula como una literatura que intenta incidir en el espacio público, al generar una escritura crítica.

En esa medida es activista…

Lo que pasa es que la palabra activismo también es poner el cuerpo en la calle, no solo es poner las ideas en la página. Y ese poner el cuerpo en la calle para una escritora, y en general para un público, puede ser mucho más difícil, requiere un compromiso mucho más sustantivo y un riesgo mucho más grande. Yo estoy trabajando sobre todo desde la página, aunque de vez en cuando también estoy en la calle haciendo mis propias movilizaciones. Pienso mi escritura como una forma más resguardada del activismo.

¿Cómo se corresponde su trabajo con el de autoras como Silvina Ocampo o María Luisa Bombal?

Soy una gran admiradora de la literatura de ambas escritoras. Es muy imaginativa y diría que me siento mucho más cercana a la literatura y a la ferocidad de Silvina Ocampo, por su cuestión más feroz y por esas escrituras donde aparecen niños, que es un tema que me interesó mucho sobre todo en los primeros años de mi escritura. Ocampo y Bombal tuvieron vidas de escritoras burguesas que no pusieron tanto el cuerpo en la calle ni tampoco expresaron visiones políticas muy rompedoras desde el punto de vista de las ideas, aunque sí desplegaron su pensamiento político en la literatura, les faltó pensar su incidencia en el plano de lo público, de las ideas más directas sobre lo social.

En Sangre en el ojo hay una reacción física ante una emoción. Esa acción de cegarse ante el caos recuerda a Ensayo sobre la ceguera de Saramago, ¿en qué medida considera que el cuerpo es capaz de sostener una reacción de las circunstancias que enfrenta un sujeto en el mundo?

En Sangre en el ojo una mujer se está quedando ciega y piensa en su propia transformación como un sujeto discapacitado, vulnerable, feminizado en términos de poder, un personaje que va encontrando en su enfermedad y en sus circunstancias lo que llamaríamos “las tratas del débil”, pero también su transformación sería bastante siniestra porque ella entra en un pacto con el discurso de la salud, con las instituciones médicas, más puntualmente con su médico.

Pienso que mi novela es muy diferente a estas otras que piensan lo social a través de un grupo de ciegos que intenta sobrevivir a su epidemia. Y pienso en la situación de un personaje bastante individualizado, solitario que intenta por sí mismo sobrevivir a su propia desventura y lo que eso genera en ella, en términos bastante siniestros, sobre todo hacia el final.

En la tradición bíblica la sangre es una forma de borrar el pecado, la representación de la mujer es lo contrario ¿en qué medida piensa el uso de la sangre como una medida de transgresión, por qué desde el sentido de la vista?

Pensé en la sangre a partir de lo que hablaban en otros lugares, partí por una experiencia personal. La sangre, los ojos y la ceguera me eran muy cercanos. En términos de esa tradición pienso que la sangre es muy de las mujeres, está muy presente en sus biografías,

en sus cuerpos y me interesaba volver a esa sangre en un sentido doble, en el sentido literal de la sangre que ciega los ojos pero también como esa figura de la rabia, del odio, de la venganza. Tener sangre en el ojo es una expresión popular y este personaje pasa de ser débil a cobrarse una promesa médica y convertirse en un personaje sangriento en el otro sentido de la palabra. (I)  

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