Los 33 mil libros del Convento de Santo Domingo están en proceso de conservación

- 08 de abril de 2019 - 11:04
Los técnico analizan la Biblia políglota, uno de los libros de la biblioteca.
Fotos: Carlos Rodríguez / MEDIOS DIGITALES

Una biblia políglota de 1645, escrita en lenguas extintas (hebreo, latín, arameo, samaritano, griego, sirio) mantiene intacto sus escritos. Está encuadernada en madera con hojas de papel de trapo y sus letras están grabadas con la técnica de agua fuente.

Las dimensiones de este libro sagrado son de 50 centímetros de ancho por 70 centímetros de largo y pesa alrededor de 40 kilos. Su valor es incalculable.

Este es solo un ejemplo de los 33 mil libros que se encuentran clasificados en la Biblioteca Fray Ignacio de Quezada perteneciente al Convento de Santo Domingo (centro de Quito). Este es uno de los espacios reconocidos por albergar gran cantidad de publicaciones no solo históricas, sino también con una invaluable riqueza patrimonial.

Los cambios de temperatura, el polvo, los hongos, la humedad, los insectos y otros factores externos son causantes del daño en los textos que se encuentran en las estanterías del convento, afectando el patrimonio que alberga cada una de sus páginas.

Ese es el motivo por el cual el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, el Ministerio de Cultura, el Convento Santo Domingo de Guzmán y la Fundación ConservartEcuador suscribieron un acuerdo para la conservar la colección documental de la biblioteca.

¿Por qué se eligió al Convento? Por su prolífica colección de patrimonio documental, a decir de a decir de Mayra Pullas, máster en Conservación de Documentos, quien trabaja en el INPC como inspectora de Bienes Culturales.

La experta detalló que en este espacio se pueden encontrar libros incunables (antes del año 1.500), cánticos corales, partituras, también compendios de Filosofía y Religión e incluso obras de Jurisprudencia de los siglos XV, XVI y XVII.

Esta biblioteca fue conformada, en parte, por un menaje de hogar de los sacerdotes de esa congregación. Además, las órdenes religiosas -dentro de sus constituciones- establecen formar bibliotecas. A partir de ello se contempló un presupuesto para adquirir libros.

Uno de los religiosos que más colaboró para este propósito fue el padre Ignacio de Quezada, quien mandó a comprar libros desde España que fueron trasladados en barcos. El viaje demoraba dos meses, arribaban al norte de Colombia y llegaban en lomo de burro.

La funcionaria detalló que no es la primera intervención que realizan en esta biblioteca. La primera se realizó en la década de los 90 cuando se cumplió con una restauración integral en la infraestructura, respetando el modelo original, se realizó la fumigación y limpieza de 1.200 libros.

Gustavo Salazar Calle, un experto en la clasificación de obras de esta categoría, participa en el proyecto. Incluso, hace poco terminó el catálogo Libros Antiguos del Ecuador que se compone de alrededor de 3.900 títulos, a cargo del Municipio de Quito.

Salazar trabajó en varias bibliotecas; irónicamente, la primera fue en la del Convento Santo Domingo, en donde se familiarizó con muchos de los títulos.

El experto detalló que en la actualidad hay 26 obras incunables. Cuando llegó por primera vez al Convento Salazar encontró ocho títulos en Latín sobre Aristóteles y Filosofía. También un evangelio comentado por Erasmo de Roterdam, considerado como sabio del Renacimiento.

El trabajo de conservación durará seis meses y es una labor complicada. Por eso ya se puso en marcha.

Ramiro Endara, responsable del Proyecto, indicó que la conservación se realiza a cargo de un equipo de siete personas: dos restauradoras y cinco técnicos en restauración.

Desde las 08:00 hasta las 17:00, personal técnico del INPC, enfundados en trajes especiales, retiran los libros de las estanterías para revisar en qué condiciones se encuentran las obras. Dependiendo de su condición, iniciarán el trabajo de reparación.

Es un proceso técnico secuencial de actividades, se realiza un foto registro de todo el estado documental en el que se encuentran las colecciones, se registran con fichas, se divide por bloques y código alfa numérico.

Las alianzas interinstitucionales permitirán la recuperación del patrimonio documental del país. Esto ya se demostró en otros trabajos realizados en el repositorio de San Agustín en Quito.

En el caso de Santo Domingo, la Fundación Príncipe Claus de Holanda, por medio de la Fundación ConservArte, invertirá 15.960 euros durante los trabajos de preservación. Endara añadió que se trata de una de las mejores bibliotecas en las órdenes religiosas de Quito.

La intervención de conservación y restauración que se encuentra a cargo del INPC permitirá además que los ciudadanos accedan a las obras con fines de investigación.

Juan Carlos Fernández, presidente del Consejo de Museos en Ecuador, destacó la importancia de la labor, puesto que así se da la posibilidad de que los libros sean exhibidos al público para que conozca la historia del país.

A decir del técnico, hay otros espacios que poseen obras de incalculable valor. Tal es el caso de la biblioteca de la Universidad Central del Ecuador que tiene textos incunables.

Salazar opinó que estos espacios históricos deberían transformarse en museos para que la ciudadanía, especialmente los niños y jóvenes, conozcan de cerca hechos históricos. "Una alternativa sería que hagan facsímiles de estas obras para que los niños se acerquen a los libros", expresó.

¿Cómo se identifica un documento como bien patrimonial?

La Ley de Cultura indica que una obra o un texto debe tener temporalidades, explicó Pullas.

Los libros impresos o manuscritos deben tener mínimo 50 años de antigüedad. Para material de audio y video (fotografías, filmaciones, audios, etc), debe tener como mínimo 30 años de antigüedad.

Pero hay otros criterios para esta clasificación. Uno de ellos es que sean inherentes a la historia de Ecuador en los ámbitos de cultura, ciencia, económicos, jurídicos, que contribuyan a la historia del país y que sean firmados por presidentes o autoridades del Ecuador. Además que tengan una técnica de elaboración única.

Pullas indicó que entre 2007 y 2010, durante la Declaratoria de Emergencia del Patrimonio, se elaboró un registro de los principales archivos y bibliotecas, además de coleccionistas que cumplan con las características necesarias.

De esta forma se registraron 700 bibliotecas con fondos bibliográficos históricos y un aproximado de 600 archivos históricos. (I)

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