"Hay que ver Carta larga sin final como el dolor que duele"

- 23 de febrero de 2020 - 00:00
La escritora Lupe Rumazo.
Foto: Cortesía

Según la autora, en algunas ocasiones se abrió la posibilidad de reeditar el primer libro de su tetralogía en Ecuador, sin embargo -dice- “se interponían los Muros”. Ahora se publicará en Colombia.

Después de 42 años de la primera edición de Carta larga sin final, editorial Planeta, a través del sello Seix Barral reeditará esta obra, así como los otros tres libros que componen la tetralogía de la escritora ecuatoriana Lupe Rumazo.

Juan David Correa, director literario de la firma para Colombia, dijo que sacarán otro libro de esta serie a finales de este año y otros dos en 2021. La publicación se produce tras la recomendación del autor ecuatoriano de la firma, Leonardo Valencia.

En el prólogo de la primera edición el escritor y crítico ecuatoriano Benjamín Carrión dijo que “En Carta larga sin final está presente la vida de la autora en todos los instantes. Pero no solamente su intimidad afectiva –que lo domina todo–, sino su intimidad espiritual, su cotidiano hacer y pensar intelectual”.

Desde Venezuela, país en el que reside, Rumazo comenta cómo la reedición de su trabajo revive de alguna manera el diálogo que permanece con su madre, la concertista Inés Cobo.

¿Cómo recibe la nueva publicación de Carta larga sin final después de 42 años de su primera edición?

Como algo grande, pero también una reiteración del dolor que me causó escribirla y una continuación del diálogo, a veces monólogo que con mi madre Inés Cobo de Rumazo sostengo, nunca detenido. Es por esto que aprecio un presente en desarrollo pleno, difícilmente mensurable en etapas. Creo en el dibujo en espiral. A una vuelta otra vuelta que es la misma sin serlo del todo. De allí que haya escrito unas palabras que he titulado para esta edición “Un fanal en la oscuridad” que luego he ampliado. Se trataba del fanal de Baccarat que se desplomó el día de su ausencia-presencia, y que luego se reprodujo justamente a raíz de su último aniversario en una de las paredes de mi sala, pero en diseño en carboncillo oscuro. Esto, nada extraño, era un asentimiento suyo de su permanencia aunque mayor. El Grupo Planeta, Seix Barral y su director literario Juan David Correa, admirable en ese grafismo ya no solo intelectual de la editorial que representa, ha sabido ver en profundidad el Ser de la novela.

¿En algún momento existió la posibilidad de una reedición en Ecuador?

Algunas veces, pero se interponían los Muros, cuyos nombres yo conocía. El Ecuador tiene esos estigmas ya literarios, ya de otro orden; está signado de antiguo por ellos. Nombres personales o institucionales, en todo momento actuantes, ayer, hoy, todos uno, modificándose con la rapidez del instante. Al margen o dentro de ellos si se quiere ahondar filosóficamente la realidad del Hombre que es la del Autor con diferentes modalidades de creatividad sugeriría se lea a García Bacca con su inacabable magisterio en su libro Sobre Realismo –Tres ejercicios literario-filosóficos.Yo y mi obra y la que a todos los hombres nos determina está dentro de los tres tipos de Realismo que señala. Ese estudio de tanta validez indica que el Realismo natural o fisiológico nos constituye y es el basso ostinato del Realismo crítico o trascendental y del Integral de modalidad explosiva –igualmente nuestros, pero aprovechados de diferente manera en sus hallazgos o en el grado de novedad que aportan o aportamos– y que “los tres tipos de realismo pueden estar siendo en individuo como en colectividad coexistentes, así que, según edades, pueden estar siendo coetáneos o simultáneos”. De no conocer Sobre Realismo no se captan determinados procesos en su íntimo ser. En tal sentido yo encuentro una aclaración con este maravilloso análisis y a la vez considero que el ejercicio de la Tala es constante en la literatura y nos lo entregó Gabriela Mistral que tanto lo experimentó en su propio Chile. Carta larga sin final y mis otras novelas están siendo acentuadamente en el Realismo integral de modalidad explosiva y esto las hace más permanentes, pero se las quiso talar.

En una entrevista con EL TELÉGRAFO reconoce que hay una deuda histórica en torno a su literatura en el país y “que no está situada dentro de una rueda publicitaria, de ese cacareado voceo con que el autor actualmente se embarca”. ¿Cómo ve ahora la recurrente mención a su obra que finalmente deviene en esta publicación?

Hay historia menor e Historia mayor. Yo he intentado que mi obra ingrese en las dos, pues no como he escrito, mi conquista de la Identidad. Es evidente que no he buscado nunca entrar en ese voceo inagotable, pero sí me ha importado la valoración crítica. Ahora cuenta otra realidad, más situada dentro del presente que es rápidamente alterado. La permanencia importa menos porque el proceso histórico que indudablemente nos condiciona se lo sabe más vertiginoso, tanto que la trashumancia lleva a tomar decisiones. Pero esa aceleración no es indicadora de que se tenga esa concepción de una perduración sino de que no siempre se vive o se admira la Historia grande.

Su obra fue bastante halagada desde la crítica, pero no se volvió a publicar. ¿Esto corresponde a la vanguardia de su escritura, con el hecho de ser mujer? Ahora, sin embargo, se la sitúa en un contexto de autoras latinoamericanas, como María Luisa Bombal, Josefina Vicens o Clarice Lispector

No acepto del todo ese criterio. A mi vanguardia se la encontró como tal después. Imaginar que yo al escribir me creía o tornaba precursora disiente de la íntima realidad con que forjé mi escritura.Ser heraldo de anunciación significa que más tarde tendré otros que me sigan. Seguramente los hay o no. Se piensa en una metanarratividad que ahora se trabaja más. Es verdad y como captación nueva se piensa en las biografías del Ser. Julia Kristeva encuentra los narratemas y desde ellos la bios/biografía partiendo de Aristóteles. En cuanto a Carta larga sin final hay que verla como el dolor que duele porque hay unos a los cuales se resiste o esconde. Esto tiene una entonación apofántica y esa es la realidad que yo transcribo. No encontraba otra manera de darle a mi madre no ya una voz que jamás perdió sino la misma persistencia o perennidad con que la trataba y trato siempre. Y a la vez conocía que existían tanto el 0°C como el 32°F y los dos eran uno, brutales. Aprecio naturalmente lo que al respecto se escriba, pues soy también crítica y ensayista. María Luisa Bombal tiene una trayectoria determinante, la suya, y si bien estudio la Literatura Comparada, esta va por otras vertientes.

Lupe, quisiera que me cuente un poco cómo ha sido vivir en el exilio, cómo enfrenta actualmente la crisis en Venezuela y cómo lee lo nuevo de la literatura en ese marco.

Al exilio lo conozco desde muy niña cuando salimos al destierro a Colombia por la oposición de mi padre, Alfonso Rumazo González–notable historiador, que dejó más de 30 volúmenes, catedrático, periodista–, a la dictadura de Federico Páez. Sé, por tanto, lo que significa y entraña, y por ende la fortaleza y potencialidad de mis padres. Inmensa artista mi madre, no solo concertista, sino violinista, ejecutante del órgano y directora de coros. No nos separamos nunca del Ecuador en donde tengo un valioso ancestro familiar, realicé una buena parte de mi educación, viví largamente y en Quito me casé con Gerardo Alzamora, notable artista del violín, con estudios en el Ecuador y en Europa, director del Conservatorio Nacional de Música del Ecuador, concertista, director de orquestas sinfónicas. Allí, en Quito, nacieron mis hijas Constanza y Solange. Diego, en Caracas. Colombia es una querencia determinante. Hay razón, pues, para que se presente mi libro en esa querida nación. Venezuela es un país entrañable, de larga residencia, en donde han aparecido y circulado hasta ahora todos mis libros. Es potente, heroico y de libre pensamiento. Su cultura, muy valiosa. No puedo opinar sobre ningún proceso actual ya que soy ciudadana ecuatoriana y funcionaria jubilada del servicio exterior ecuatoriano. Tengo lecturas múltiples que adquiero aquí y otras que recibo. No me quedo en una única latitud. (I)

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