Interactos abre las aulas al diálogo con el público

- 09 de noviembre de 2018 - 00:00
El artista Lucas Ospina es uno de los invitados a este encuentro. Hoy continúa su taller “De qué vive un artista”.
Foto: Miguel Castro / EL TELÉGRAFO

El encuentro organizado por la Universidad de las Artes llega a su tercera edición. Esta vez tiene seis sedes y la apertura de este edificio como parte de su campus.

En octubre se inauguró el pabellón Enrique Tábara, en el antiguo edificio de Correos de la ciudad con la presencia del artista que le da el nombre. En este mismo lugar, entre 1925 y 1927 funcionó la Escuela de Bellas Artes de Guayaquil, anexa al Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, bajo la tutela de los maestros y artistas Antonio Bellolio y Enrico Pacciani.

Que ahora, en su planta baja se abra una galería llamada El Garaje y prosperen distintas formas de creatividad “no es casual”, dicen los docentes y curadores Lupe Álvarez, Ángel Emilio Hidalgo y Adriana María Ríos en su texto sobre la primera muestra, la Primera Cita, que inauguró el espacio. 

En la segunda muestra, por inaugurarse, hay obras de Leonardo Moyano, Tyrone Luna, David Orbea, Andrés Velásquez Dután y Juan Carlos Vargas, los primeros integrantes de Los Chivox, grupo de arte contemporáneo que surgió de recorridos citadinos para encontrarse con motivos que les sirvieran para hacer arte y resolver algunos deberes del Instituto Tecnológico de Artes (ITAE), su paso anterior a la Universidad de las Artes (UArtes), que ahora acoge la muestra. 

En El Garaje, la nueva galería de arte que está en el edificio de Correos, como parte del Campus de la UArtes, se exhibe obra de Tyrone Luna (foto). Imagen: Jéssica Zambrano / EL TELÉGRAFO.

La tercera edición de Interactos, encuentros públicos de artes tiene este espacio como una de sus sedes de talleres y conferencias. Allí, los artistas Óscar Salazar, Lucas Ospina y el músico argentino Agustín Rivaldo dictaron clases magistrales y talleres para repensar temáticas alrededor del arte.

Ospina se animó a hablar de lo que nadie más habla: de qué vive un artista. Posiblemente para esta pregunta no exista una respuesta ni una condición, pero intentó formular algunas a partir de ejemplos como los artistas que viven de la renta, una herencia, un negocio, el diseño gráfico, de trabajos de migrantes, de dar clases en colegios o universidades, o aquellos casos especiales en los que el artista vive del arte.

El arte, dice Ospina, se hace a veces desde lugares paradójicos, como cuando Leni Riefenstahl, la cineasta que contrató Hitler desde sus aspiraciones artísticas, pensó en El triunfo de la voluntad. Este filme sobre el VI Congreso del partido nacionalsocialista, celebrado en Nüremberg, en 1934, quedó como  un ícono del cine por sus ángulos, contrapicados, efectos de luz y trucos de montaje.

En este edificio en el centro de la ciudad, sin duda, se piensa en algunas ideas sobre el arte y al mismo tiempo en cómo financiar su camino. “Cuando por algún tipo de ideología o política pública un gobierno financia una universidad de artes para que se produzca eso que se hace no necesariamente va a ser bueno, porque puede resultar panfletario, miedoso por no perder el subsidio”, dice Ospina en su taller.

Las voces críticas son posibles en una universidad que se abre espacios para el arte en el centro de la ciudad. Interactos en su tercera edición llama a los ciudadanos a revisar los procesos que se hacen en sus aulas, a “establecer la importancia del espacio público para la libre circulación de las manifestaciones artísticas”, dice su objetivo institucional. (I)   

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