Encuentros y desencuentros de Bolívar y San Martín (II)

27 de septiembre de 2013 - 00:00

Previamente a estos sucesos San Martín había convocado a su Consejo de Estado y conseguido de tal, a petición propia, el permiso para declarar la guerra a Bolívar, con los votos salvados de su mismo ministro Bernardo Monteagudo y del general argentino Rudecindo Alvarado (4). Las advertencias de Bolívar a todo el mundo sobre no intervenir en Guayaquil fueron el motivo para esto y también para la carta del 3 de marzo que ya hemos citado al principio.

Esto sí ya era cosa grave, aunque finalmente el Protector haya desistido de método tan frontal y extremo. Fue por esta intimación de Bolívar que San Martín realizó el primer viaje a Guayaquil para reunirse con Santacruz, pero no contó con la presencia fortuita de Cochrane.

Veamos ahora las razones de la intimación de Bolívar, en carta para Santander el 5 de enero de 1822:

“(…) Digo al señor Olmedo, después de algunos cumplimientos, que me es sensible molestar a un amigo a quien ya amo, pero los intereses de Guayaquil y los derechos de Colombia lo exigen; (…) que Guayaquil ha sido una dependencia de la presidencia de Quito y ésta de la Nueva Granada; (…) que Túmbez es el límite natural del Perú, y Guayaquil está fuera de él; (…)”.

Las negritas me pertenecen. Y son para resaltar tan estupenda lección sobre historia y geografía del Ecuador. El Protector, probablemente, tendría profesores de historia y geografía del Perú, en cuyo caso solo se le podría acusar de haber sido mal informado.

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Aún más atrás están las declaraciones de Joaquín Mosquera, Plenipotenciario de Bolívar ante el gobierno de San Martín en Lima, recién designado como tal poco antes de la Entrevista por razones cronológicas obvias:

“Pero si sabe el mundo entero, que ya el 2 de Junio había tenido la entrevista de San Martín con el Virrey La Serna, en Punchauca, y que allí le propuso San Martín el proyecto de reconocimiento de la independencia del Perú coronando a un Príncipe de la dinastía reinante en España. Entraba en sus planes incorporar Guayaquil a la proyectada monarquía peruana porque, como decía San Martín, en todas las costas del Perú no hay maderas para un astillero, y Guayaquil tenía todos los elementos para construcción de buques, y con ellos y sus riquezas, el Perú debía dominar el Pacífico”. (5)

También era asunto grave. Porque volver a otro Virreinato devenía absurdo, luego de tantos próceres inmolados y familias enteras destruidas. Y nótese que no es del caso que Guayaquil iba a dominar el Pacífico con su riqueza, si no el Perú a expensas de riqueza ajena. Dos cosas bien diferenciadas. En mi libro doy a conocer, de fuentes chilenas, el nuevo gran imperio económico del Pacífico proyectado por O’Higgins incluyendo Guayaquil y La Puná, que luego trató de copiar San Martín para el Perú.

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Eran alrededor de 19.000 efectivos españoles que se habían parapetado en la sierra alto-peruana. El Protector no contaba con elementos iguales para libertar definitivamente Perú y Bolivia. Tampoco podían auxiliarle desde Argentina o Chile, que enfrentaban sus propios problemas políticos internos. Solo le quedaba la ayuda de Bolívar y por ello el Protector se ofreció hasta como su lugarteniente.

Pero, con aquellos terribles antecedentes actuando sobre el concepto de confianza que era menester ¿realmente era posible esta alianza o fusión?

Es mi particular criterio como investigador que la geopolítica previa ya se había encargado de arruinar tan magno encuentro, por adelantado.

Bolívar quería libertad total de planificación y acción, lo cual no es criticable sino más bien sinónimo de visión e inteligencia. Libre de los facciosos que traían agotado a San Martín, al punto que éste había ya manifestado varias veces su deseo de retirarse.

Bolívar estaba bien informado de todos estos aspectos y se denota en la carta a Santander desde Quito el 21 de junio de 1822 cuando le dice, entre otras cosas:

“El Perú parece que está hablando respecto a nosotros, porque teme a España y espera de Colombia, y porque el Gobierno, en sus negocios domésticos, no está bien afirmado”.

Las negritas me pertenecen. Y son para resaltar cómo en un simple párrafo se puede resumir todo un capítulo de historia continental. El tema de Guayaquil en la Entrevista no tenía ninguna importancia pues la suerte en este campo ya estaba echada. Lo único que se necesitaba analizar era cómo lograr la independencia del Perú. Pero era tema delicado por los antecedentes expuestos, que tal vez Bolívar –solamente tal vez- tenía planificado esgrimir, pues eran de su total conocimiento como queda demostrado.
He allí la razón para decidir la Entrevista a solas.

Es que una cosa era el tema delicado y otra -distinta- abochornar al Protector delante de los estados mayores de ambos ejércitos. Sin duda, Bolívar fue vanidoso y ególatra pero no innoble. Si San Martín quería retirarse lo podía hacer, pues había quien tome la posta en la empresa que había iniciado. Pero tan grande genio de la libertad no debía retirarse comprometiendo su honor, prestigio militar y fama. Bolívar no jubiló a San Martín. Simplemente supo utilizar los naipes que estaban destapados en la mesa. Pero lo hizo con ética y sentido de justicia.

Los Encuentros

Para ello el Libertador ya había abonado inteligentemente el terreno con carta del 23 de julio de 1822, que el Protector recibió “cuando iba llegando a la ciudad del Guayas” (6). El académico argentino Julio César Chaves dice de esta carta:

“Su tema es la paz con España; en ella expresa Bolívar por primera vez su intención de trasladarse en persona al Perú”. (7)

Además, San Martín no tenía argumentos para desechar la Entrevista que él mismo había planificado, pero en las condiciones expuestas por Mitre. De otro lado, sus intenciones fallidas no eran como para ufanarse públicamente. Tampoco eran enemigos entre ellos y más bien luchaban por la misma causa. Encapricharse hubiera sido infantil. Evidentemente, el Protector se hallaba en una encrucijada.

¿Qué opciones le quedaban? Atacar Guayaquil era una insensatez que sin duda no iba a cometer jamás, pese al nerviosismo y expectativa de ambos ejércitos. Tornar velas hacia Callao para seguir combatiendo con su escaso ejército era exponerse a la derrota total, después de tantos esfuerzos y victorias. Bolívar interpretó a cabalidad el momento histórico y por eso le insiste para que desembarque, con gran sagacidad y galantería:

“(… ) ¿Cómo es posible que Ud venga de tan lejos, sin la posesión positiva en Guayaquil, del hombre singular, a quienes todos anhelan conocer, y si es posible tocar? (...)”

La cordial invitación de Bolívar sin duda despejó parcialmente su problema dentro de una situación que le era embarazosa. Y el héroe argentino inteligentemente acepta.

Mas no por la vanidad de que lo conozcan en persona sino porque ya estaba allí y porque la independencia del Perú estaba seriamente comprometida. Y con ello, la de Sudamérica era precaria. Tal vez la carta que menciona Chaves fue otro atisbo que calmó en parte sus grandes desvelos. Como el hombre grande que era, ponía los intereses del colectivo por sobre los intereses propios.

Y fue a través del secretismo de la Entrevista que Bolívar le ofreció una salida honorable y digna, acorde a su estatura de libertador de naciones. Solo ellos conocerían los detalles minuciosos de lo discutido en tales reuniones. Y el Protector lo entendió muy bien. Se retiró discretamente cuando consideró terminadas las Entrevistas, porque los dos asuntos que le preocupaban ya estaban arreglados. El mundo era ancho y ajeno. Ancho para su retirada decorosa. Ajeno para la gloria futura que aún esperaba hasta Ayacucho.

Durante el resto de su vida, sea en Bruselas o en París, San Martín conservó con gratitud el retrato de Bolívar en la sala de su hogar. Indudablemente no es la actitud de un pascuato sino la de un hombre de honor.

Todos los historiadores del mundo saben que se han inventado cartas y documentos de San Martín contra Bolívar, tal los bullados casos de Colombres Mármol y Lafond de Lucy. Pero han sido considerados apócrifos y hasta con firmas suplantadas, incluso por la misma Academia Argentina de Historia. En mi libro doy amplia información sobre las investigaciones realizadas por esta Academia y la venezolana. Pero aún se siguen usando como supuestas pruebas contra el Libertador.

Ya es hora de que haya paz eterna en sus tumbas, pues la deuda que a nivel sudamericano tenemos contraída con estos dos héroes es sencillamente impagable.

* Miembro de la CCE de Esmeraldas y de la Corporación SAG de Quito. En su tercer libro, “La revolución de Quito en la costa del Pacífico”, se aborda in extensu la Entrevista en capítulo exclusivo. Este resumen es extractado de allí por el mismo autor.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

A más de los epistolarios de Bolívar, San Martín, Sucre y otros:
4.- Larrazábal, Felipe: “Vida de Bolívar”. Volumen II, página 147. También lo trae José Manuel Restrepo, en el tomo III de su Historia, capítulo IV, página 194.
5.- Jaramillo Alvarado, Pío: “El secreto de Guayaquil en la entrevista de Bolívar y San Martín”.
6.- Chaves, Julio César: “San Martín y Bolívar en Guayaquil”, en el Prefacio de la obra, página 22.
7.- Chaves, Julio César: “San Martín y Bolívar en Guayaquil”.

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