"El Arte también es trabajo", un mensaje para la crisis y el futuro

- 01 de abril de 2020 - 21:15
La artista Doina Vieru en el taller que comparte con Nixon Córdova, en Quito.
Carina Acosta / Archivo

La iniciativa surgió de artistas y gestores para desmentir los mitos sobre la labor cultural que, como otras, requiere esfuerzo y formación constante.

Mientras rige el toque de queda y se recomienda el aislamiento, las actividades artísticas que convocan al público se han suspendido. A través de plataformas digitales algunos recitales, conciertos y funciones de teatro se han difundido como un divertimento, una forma de distraerse cuya elaboración parece llegar de forma gratuita. Pero quienes hacemos periodismo cultural sabemos que los artistas son rigurosos en su trabajo.

Si un vídeo del monólogo “Barrio Caleidoscopio”, del actor Carlos “Cacho” Gallegos se subiera a YouTube, por ejemplo, habría que tomar en cuenta que partió de un libreto del artista cuencano. Que se montó con su propia escenografía e iluminación en varios países y, para su registro, serán necesarios equipos de filmación; todo junto a la labor del intérprete, que ha provocado emociones en su público con una puesta en escena que se logra con años de estudio continuo, trabajo, técnica y ensayos.

La música tampoco es un simple pasatiempo en que alguien busca entretener haciendo versiones sin mayor esfuerzo. Hay compositores, como Alex Alvear, que además de dominar varios instrumentos han reflexionado por décadas sobre la identidad sonora, tradicional, jazzera, rockera y del mundo en este caso. Eso incluye largas investigaciones, experimentar, ensayar.

En la escritura –ya lo han dicho autores como Stephen King y hasta Mario Vargas Llosa– la inspiración es algo que solo se consigue con trabajo duro. La intelectual es una labor distinta a la científica o manual, a la de médicos o bomberos, pero requiere de esfuerzo y la cultura conforma un sector productivo, aunque esté precarizado en países como Ecuador.

Por eso sorprende que iniciativas como “Desde mi Casa”, que busca apoyar a artistas en estado de vulnerabilidad, hayan sido tan desprestigiadas y atacadas.

¿Por qué nos cuesta tanto pagar por arte, pagarles a los artistas incluso cuando no hay una emergencia sanitaria? La iniciativa “El arte también es trabajo. Y punto” puede ayudar a responder esa gran pregunta.

Se trata de un tendencia que surgió luego del “acoso” digital que sufrieron gestores culturales y creadores en estos últimos días. Consiste en la difusión de 10 “perlas” (prejuicios, ideas repetidas en redes sociales) sobre la cultura y su correspondiente desmitificación (explicaciones sobre la verdad tras esos intentos de descalificación).

Aquí dejo algunas, ampliadas:

1. “Los que tenemos Internet hasta con el Chavo del 8 nos conformamos, antes de ver desperdiciado nuestro dinero en algo innecesario”
Aunque al programa estrella de Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, no le ha faltado difusión en la televisión local (se transmite en varios canales desde la década de los 70), esta frase apareció como 'argumento' contra los presuntos “gastos innecesarios” en cultura.

La respuesta de los artistas que usan el hashtag #ElArteTambiénEsTrabajoYPunto fue recordar que “Chespirito también pasó épocas de precariedad. Si su trabajo paraba antes de esta obra –que deja millonarias ganancias a Televisa– ahora no la podríamos disfrutar”.

Hay que decir, también, que la historia de la televisión mexicana es distinta a la de Ecuador, donde apenas se han establecido espacios para la producción nacional, y no existe una política pública para su desarrollo pese a la existencia de actores y guionistas de larga trayectoria.

2. “Para los artistas promocionar su arte es suficiente apoyo”
Esta falacia, sabemos, suele ser repetida por quien quiere emplear a artistas sin pagar por sus presentaciones o shows. Así, las tarimas y algunos medios han incurrido incluso en malas costumbres, como la de cobrar por el lugar que le dan a los artistas.

En la radio esa cuestionable práctica se llama payola y restringe a la capacidad económica de los músicos o productores la difusión que por derecho deberían tener sus obras en el espectro radioeléctrico. Esto no solo es excluyente, sino que precariza.

La respuesta colectiva a este mito fue que la supuesta promoción “perpetúa la idea de que el pago a los artistas es innecesario, provocando autoexplotación”. De ahí surge otra pregunta: ¿Debería creerse, acaso, que los clowns pagan la cuenta de la luz haciendo reír a los empleados de la empresa eléctrica?.

3. “En lo económico, hay sectores que mueven a millones de ecuatorianos; la cultura vendrá después. Lógico: es como si tuvieras hambre y en vez de alimentos, pagaras una entrada al teatro”
Si se trata de validar solamente a lo que tiene un papel en el mercado de masas, no tendría sentido hablar de pequeñas y medianas empresas, en general. Tampoco de emprendimientos. Y la cultura es el cuarto pilar del desarrollo sostenible, según cálculos de la UNESCO.

Por eso, la explicación es que “el sector cultural mueve $ 2 millones al año”, eso es el 1,9 % del PIB. Sin embargo, en el país no se han establecido políticas culturales para fortalecer esta área, aunque ha habido excepciones en el cobro de impuestos (IVA 0), e incentivos como fondos concursables.

“Hay un total desconocimiento sobre el oficio artístico y su aporte” a la sociedad, comenta la actriz Tanya Sánchez del colectivo La Insensata. Ella difiere con la idea de que “el artista sea un ser elevado”, pues esa idea también presenta al trabajo creativo como si estuviera “alejado de necesidades ‘mundanas’” como pagar impuestos y mantener a su familia.

4. “La ayuda debe ser focalizada a los que no tenemos empleo ni jubilación”
Este comentario es engañoso aunque paradójico: el empleo adecuado no es privilegio de gestores ni artistas, por tanto ellos entran en el grupo al que se alude. De hecho, “sus trabajos son temporales e intermitentes” en lugar de fijos en la mayoría de casos, como se remarca en la iniciativa #YPunto.

Y hay un dato concreto: de los 9.620 inscritos en el Registro Único de Artistas y Gestores Culturales (RUAC) en todo el país, apenas un centenar está afiliado al IESS. La Ley Orgánica de Cultura prevé una distinción dentro de la afiliación voluntaria, pero ¿es eso suficiente?

Ya que la mitología sobre el arte local incurre mucho en hablar de “otros países”, habría que ver cómo Argentina o España (a través de la SADAIC y la SGAE) dan garantías a sus músicos si componen música original y reciben regalías que aseguran las producciones futuras. (I)

Aquí puedes ver otras ideas de #ElArteTambiénEsTrabajo. Y sumarte con ese hashtag a esta discusión colectiva:

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