Con arte se reconstruye la identidad de las PPL

- 10 de febrero de 2019 - 00:00
Dentro de los talleres interdisciplinarios trabajan en propuestas de artes escénicas que están vinculadas con sus propios cuestionamientos como mujeres.
Foto: cortesía de UArtes

Cada vez que una mujer entra al Centro de Rehabilitación Femenino del Guayas tiene que pasar por un cuarto de tránsito. Es un lugar en el que no hay camas, no hay mesas, no hay ventanas. Mientras están allí las autoridades definen la celda y el pabellón donde enfrentará su condena.

Algunas piensan en este sitio como un útero en el que tienen que volver a nacer, redefinirse, armarse una coraza que las protegerá mientras estén dentro.  Llorar está prohibido cuando se tiene una condena de muchos años de cárcel, hay que protegerse.

En mayo de 2018 la Universidad de las Artes (UArtes) inició un proyecto de vinculación en esta cárcel. Pegaron afiches de información con el aviso “Reconstrucción de la identidad femenina: reinserción social de la mujer desde un proceso de creación interdisciplinar”.

La realización documental como la fotografía se hace en el espacio de los talleres, pues se turnan las cámaras disponibles.  

Priscilla Aguirre, cineasta guayaquileña y profesora de la Escuela de Cine de la UArtes, encabeza el proyecto y estuvo al frente de una primera charla de socialización, donde hubo casi 100 mujeres curiosas por la propuesta. Verían fotografía, cine documental y artes escénicas. A los primeros talleres llegaron 30 y después de tres meses quedaron solo 20 aficionadas.

Algunas salieron en libertad, una se embarazó y a otras simplemente no les gustó quedarse. Desde octubre, el abanico de la propuesta se amplió con un taller de música y percusión, a cargo de Juan Posso, de la Escuela de Artes Sonoras de la UArtes. Entonces se unieron otras 12 mujeres.

Después de completar entre 96, unas, y 149 horas de clases, otras; y cuatro administraciones distintas del centro de rehabilitación, el primer miércoles de febrero las 32 privadas de libertad que se vincularon a este proyecto presentaron algunos de sus trabajos junto con 22 estudiantes, también mujeres, de la UArtes.

La escritura es parte fundamental de este proceso, tanto para establecer los guiones del material audiovisual como para sus obras teatrales.  

Empezaron haciendo percusión con sus cuerpos porque a la cárcel es muy difícil que entren instrumentos. A pesar de eso hay algunos grupos musicales. Uno de ellos es Meganova, el otro, Las Faraonas del amor -que, aunque cambia de integrantes cada cierto tiempo, tiene un disco grabado-.

Luego de la presentación se exhibieron 10 autorretratos, una serie documental cuyos guiones escribió cada una de las documentalistas, con los lápices y hojas que llevan cada día de taller.

Entre la directora del proyecto, Priscilla Aguirre, y las estudiantes que trabajan en él, grabaron las escenas escritas entre la cárcel y las casas de algunos familiares de las mujeres del centro. 

“Todo esto te ayuda en la reconstrucción de quién eres y cómo te vuelves a conectar con el mundo, a pesar de que estás sin la libertad de hacerlo”, dice Aguirre sobre este trabajo en el que tiene que mediar entre lo que quieren las mujeres privadas de libertad en cada corte.

Para Lorena Toro, quien participa del proyecto desde la escuela de Artes Escénicas de la UArtes, en este lugar es posible identificar todo lo que hay en la sociedad en libertad, “pero aquí todo se magnifica”, dice. 

Con este trabajo del cuerpo, la escritura y la música “ellas puedan volver, después de mucho tiempo a sonreír. Una de las alumnas me dice: Lorena, de lo que nunca he escrito, lo que siento ahora tengo todo un cuaderno”, comenta Toro.

En las sesiones, que se realizan al menos cuatro días a la semana por dos horas, los alumnos de la UArtes y los docentes llevan cámaras y todo lo necesario para trabajar. Además ven algunas películas que cada una vincula con sus experiencias personales. “El cine les ha recordado todo lo que no pueden ver de afuera”, dice Aguirre.

En estos nueve meses de trabajo, a pesar de que ninguna tenía conocimiento de cine, como sí pasaba con la música, descubrieron sus habilidades.

En gran parte de los casos, el grupo de estas 32 mujeres ha definido sus funciones tras un videoclip. “Nunca se imaginaron, aunque en algún momento de su vida lo pensaron, que podían hacer algo así”, agrega Aguirre.

En los ejercicios de artes escénicas que presentaron se preguntan qué significa ser madres y ya no estar con sus hijos, ser mujeres afuera, cómo cambia tu cuerpo en la prisión.

Cada trabajo parte de una premisa. Las vinculaciones con el cuerpo surgieron después de un taller al que llamaron huellas y en el que cada una escribió la historia de las marcas que tienen en su cuerpo, desde los lunares, hasta las várices, las señas de celulitis a las cicatrices.

“Reconstruir su identidad a través del arte es pensar qué es el ser femenino, lo que las sostiene como mujeres, como seres humanos”, dice Toro.

Aguirre agrega que con este trabajo “ellas mismas dejan de estigmatizarse, sacar eso escrito o en video es volver a conectarse con cosas que estaban bloqueadas”. (I) 

Detalles

Vinculación

El proyecto vincula a 22 estudiantes de las distintas carreras de la Universidad de las Artes para trabajar en la producción. Además está pensado como un proceso de reinserción en la sociedad de estas mujeres privadas de libertad.  

32 mujeres participan de este proyecto interdisciplinario. Doce de ellas desde la música.

Docentes integrantes
En la propuesta participan Priscilla Aguirre, dirigiendo el proyecto y la parte de realización documental; Lorena Toro, en artes escénicas; Juan Posso, en artes sonoras; y Fabricio Medina, como invitado.

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