La escritora Alicia Yánez Cossío recibirá un homenaje en la UDLA

- 17 de octubre de 2018 - 00:00
En el homenaje intervendrán Miriam Merchán y Marlene Aguirre. Luego habrá un concierto a cargo de los artistas María Tejeda y Donald Regnier.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

La escritora quiteña Alicia Yánez Cossío, autora de doce novelas, además de cuentos, poesía y obras de teatro, cumplió el pasado mes de septiembre 90 años y los celebró en Píntag, donde vive desde hace cinco años en compañía de su hijo Luis Miguel Campos y de su nieta, llamada Baltasara.

Su vida dedicada a la escritura y la enseñanza será homenajeada este jueves 18 de octubre, a las 17:00, en el auditorio de la Universidad de las Américas (Ecopark).

En el acto intervendrán la académica Miriam Merchán y Marlene Aguirre. Posteriormente habrá un concierto a cargo de los artistas María Tejeda y Donald Regnier.   

Yo vendo unos ojos negros, Más allá de las islas, La cofradía del mullo del vestido de la Virgen Pipona, Sé que vienen a matarme, Y amarle pude... o Esclavos de Chatham son algunos de los títulos que ha escrito Yánez Cossío, quien en 1996 se convirtió en la primera y única –hasta ahora– ecuatoriana en recibir el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela El cristo feo.

Desde que Alicia publicó Bruna, soroche y los tíos (1972), su primera novela, la crítica literaria no ha dejado de prestarle atención y de ubicarla como la gran autora ecuatoriana del siglo XX.

En una entrevista publicada recientemente en el suplemento cultura Cartón Piedra, Yánez Cossío, cuya memoria de largo plazo es más vigorosa que la inmediata, señaló que su inmersión en la literatura fue cuando tenía entre 12 y 13 años.

“Cuando estaba en el colegio me inventé a mi abuelo. Me moría de ganas de que mi familia tuviera un abuelo, una abuela, algún vejestorio, y me inventé uno. Yo le escribía cartas a ese abuelo y todos creían que era verdad, que él vivía en África, que era un gran aventurero, cazador de animales fantásticos. Este abuelo influyó en la vida de mi familia, en la mía, a tal punto que un día amanecí llorando y se me ocurrió decir que él había muerto. Esa noche cantidades de gentes fueron vestidas de negro a darle el pésame a mi madre ¡Ay, esas cosas que una se inventa a esa edad!”, recordaba con gran ironía y precisión la escritora. (I)

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