Nueve artistas se reúnen en Espacios Particulares

- 19 de diciembre de 2017 - 00:00
Clio Bravo (Riobamba, 1990) presenta la continuación de su trabajo titulado: Tras los pasos de Agnes A. Caamaño.
Fotos: Miguel Jiménez / El Telégrafo

Los trabajos que se produjeron en la residencia Nodo de No Lugar, que duró diez meses, se exhiben en la galería Más Arte hasta el próximo 29 de diciembre.

Luis Fernando Carrera (Quito, 1993), en su más reciente obra (Fly back to me), construye un portal en el que los artistas Yayoi Kusama y Joseph Cornell se encuentran de una manera poética. Ambos, con personalidades tan introvertidas, tuvieron una relación compulsiva que marcó la historia del arte.

A través de una serie de cajas intervenidas mediante diversas técnicas y registros, Carrera recrea el eco que provocó en su proceso creativo las actitudes y producciones de esas dos figuras del arte mundial. El collage, los espejos o la sensación de los cuartos infinitos se despliegan en unas cajas cuidadosamente elaboradas, que proyectan mundos fantásticos.

En Fly back to me, Luis Fernando Carrera elabora una serie de cajas a partir de Yayoi Kusama y Joseph Cornell.

Este trabajo forma parte de la muestra Espacios Particulares, que se exhibe en la galería Más Arte hasta el próximo 29 de diciembre. Las obras que se presentan son el resultado de una residencia de diez meses hecha por nueve artistas en el programa Nodo de No Lugar.

Pedro Álvarez (Cuenca, 1990) exhibe Procesos sonoros y se trata de un cuadro  abstracto que funciona como instrumento musical. El espectador puede tocar la pieza y generar ruidos que dialogan con la estética de la obra. “Siempre hay esto de que el cuadro no se toca, se ve de lejos; hay como una formalidad del soporte. Lo que intento es cambiar esa idea de solemnidad hacia un juego. No es musicalidad, es ruido lo que genero”, dice Pedro, quien con Christian Proaño y Daniel León (artistas de Nodo) formó una banda de noise.

El artista Pedro Álvarez (Cuenca, 1990) en su proyecto Procesos sonoros trabaja sobre la relación entre el acto pictórico y la huella sonora que genera.

Clio Bravo (Riobamba, 1990) le da continuidad a su trabajo de investigación sobre el archivo personal de Agnès Caamaño Millet, una artista ficcional ecuatoriana que marcó el camino del arte moderno y que, mediante su figura, cuestiona los relatos masculinizados de la creación artística. Bravo propone una instalación en la que se exhibe La historia del arte de Gombrich, pero el libro aparece clausurado con hilos. También se despliega un libro instalativo con la obra de trece artistas mujeres del anterior siglo. A este trabajo lo acompaña un documental sobre la vida de Agnès. 

Brenda Vega (Quito, 1984) propone una serie de autorretratos en una versión deformada, como una metáfora de lo que significaría ser una persona digital. Es decir: alguien se revela  fragmentado, esquivo. A partir de un manifiesto escrito por ella llamado El ser digital (que el espectador podrá ver en la muestra), la artista se pregunta ¿quién es el ser humano en el siglo XXI? “El ser digital existe, pero no hay una versión real de él”, concluye Vega.

A partir del manifiesto ‘El ser digital’ escrito por Brenda Vega, la artista quiteña reflexiona en retratos fragmentados lo que implica ser digital ahora.  

Daniel León (Palaminga) propone El tiempo de la cosa, en el que usa la fotografía y la escultura para reflexionar sobre la temporalidad de los conceptos, sobre aquellas formas de pensar y de crear que resultan fallidas, pero necesarias. Los otros artistas que participan son Ache Vallejo, Christian Proaño, Tián Sánchez y Paula Arias. (I)   

El artista visual Daniel León exhibe una serie de piezas en El tiempo de la cosa, que incluye esculturas deformadas en miniatura y fotografías.  

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