Crónicas a pie

Si Guayaquil se inunda, yo la pedaleo

- 24 de febrero de 2018 - 00:00

A las 06:00 los pájaros no cantaron como en un amanecer normal, los reemplazó el picoteo del agua sobre los techos y en el suelo las hojas caídas. La lluvia parecía inofensiva. Me equipé, metí mi maleta en otra resistente al agua que parece un baúl cervecero sobre mi espalda, me abroché el casco, prendí las luces y rodé.

Somos 75% de agua, si llueve y nos cae encima no pasa nada. Avancé por parques sin luz, carros que iban lento, semáforos alterados. Llegué a Maracaibo y me aventuré hacia el oeste. Pensé que me encantaba la lluvia, refrescarme de la tierra e ir por calles aún deshabitadas.

Hasta que dejó de ser solo agua sobre mí. Empezó a rodearme. Tenía el pantalón mojado, la chompa pegada a mi cuerpo, me empecé a sentir pesada. La lluvia se pronunció, ya no era inofensiva y el ruido que me rodeó se convirtió en el mismo de los botes que navegan en alta mar.

En un semáforo vi cómo un Lada clásico, rojo y destartalado, se regresó en retro. No lo entendí hasta que sin fijarme me lancé a una laguna. Empecé a lamentarme. Ya no me gustó tanto la lluvia. Me arrepentí de salir pero ya estaba afuera. Me inventé una estrategia: seguir la línea blanca que divide los carriles en la calle, veía al piso a través de mis lentes mojados mientras mi llanta delantera abría el paso. Me sentí Moisés separando al Mar Rojo, pero era demasiado deficiente para ser un personaje del Antiguo Testamento.

Seguía la línea blanca para tener claro que no había ningún hueco cerca en el cual dejara de ser yo para convertirme en cualquier buzo de alcantarilla.

Avancé hasta que llegué a una de esas calles arterias de la ciudad repleta de autos, todos detenidos, metidos en su burbuja de vidrios. Me veían como una loca que pasea en horas pico, sin saber que, como ellos, debía llegar al trabajo, solo que empapada.

Cuando llegué mis dedos eran pasas sin huella. Me hice café, me sequé y volví a la rutina. No todos los días se sobrevive a la ciudad y menos bordeada de agua. Dijo el ente del clima que esta fue la lluvia más intensa del año. Cayeron 101 litros de agua por cada metro cuadrado. Más del 75% que llevamos en el cuerpo. (O)

Jéssica Zambrano Alvarado
Periodista y ciclista urbana

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