Crónicas a pie

Los maullidos salen de los rincones del parque Forestal

- 13 de marzo de 2018 - 00:00

“¡No los abandones!” señala un rótulo ubicado en la entrada al parque Forestal, que está a la altura de la calle Bolivia, y que el tiempo se ha encargado de quitarle  algo de color. En el letrero están las fotografías de gatos pequeños abandonados en el lugar.

Pero la apelación a la sensibilidad de los transeúntes parece no llegar a buen puerto pues lo que más se observa, en las casi 10 hectáreas del espacio recreativo, son mininos deambulando por cada rincón.

Son los reyes ariscos del lugar. Arrancan sonrisas a sus fans pero difícilmente se dejan acariciar. Los hay con pelaje blanco, negro, naranja, marrón y, desde luego, combinaciones de distintas tonalidades. Muchos saben cómo llegan pero nadie se siente en capacidad de llevar uno a su casa.

Acostumbrados al ir y venir de personas, ni se inmutan con la presencia humana. Permanecen impávidos, clavando una mirada para mantener siempre la guardia. Silenciosos y tranquilos. A veces en grandes grupos como ocurre en el lado de la calle Venezuela donde parecen comitiva de bienvenida.

Sin embargo existen ocasiones en las que se exaltan, como en una reciente visita del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot. El burgomaestre convocó a la prensa para dar declaraciones y se dirigió hacia una rampa de ingreso -lo que queda de ella- al Centro Cívico.

En el trayecto hay una peatonal donde un grupo de gatos tiene aseguradas su alimentación y cajas para dormir. Al ver llegar al burgomaestre, los felinos entraron en actitud social y con unos sonoros “miaus” saludaron al funcionario y su comitiva.

Don Jaime pasó de largo con su grupo. Uno que otro periodista sonrió por la gatuna bienvenida. A lo mejor por alguna referencia o simplemente porque no todos pueden decir que son bien recibidos por los gatos de un parque. (I)

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