Crónicas a pie

Guayaquil y un tráfico desesperante cada vez que aparece la lluvia

- 21 de febrero de 2018 - 00:00
El nivel de las aguas en la Av. Benjamín Carrión tardó varias horas en bajar.
Foto: Karly Torres / EL TELÉGRAFO

La fuerte lluvia en la madrugada es arrulladora, pero con el amanecer se reflejan los problemas. Más de un guayaquileño amaneció ayer con agua dentro de sus casas y muchos tuvieron que adelantar su salida de la cama para solucionar este problema.

En las calles, el agua había tomado el control. El tráfico hacia varios puntos de la ciudad era desesperante. Un ejemplo es la ruta que lleva hacia la vía a Daule. Quienes buscaron dirigirse desde La Alborada hasta la zona de la Universidad Católica tuvieron que sufrirla.  

En la avenida Benjamín Carrión, el tráfico era tan lento que parecía ir para atrás, exasperante. La cola de carros era interminable. Para llegar desde la esquina de Briz Sánchez (aunque ese negocio no existe desde hace más de 20 años, todavía se conoce el lugar con ese nombre) hasta City Mall, las personas debían estar una hora en el carro. A pie, ese recorrido dura 15 minutos, pero la lluvia (que fue hasta pasadas las 09:00) así lo impedía... el que caminaba, se empapaba.

Más de uno llegó tarde a sus trabajos y universidades por esta situación. Coger un taxi en esa dirección era misión imposible, todos estaban llenos... ni hablar de los buses (que por el tráfico parecían estar estacionados), que estaban con las puertas cerradas, no entraba ni un alma. En estos grandes automotores, al igual que en la Metrovía, la humedad era tenaz, insoportable.

Cuando un taxi por fin estaba libre, cogerlo parecía algo suicida. Por una carrera que normalmente cuesta $ 3,50, ayer el valor estaba en $ 9. Tras rogar al conductor, la rebaja máxima era de $ 7... sí, el doble de lo normal.

La salvación fue un bus que todavía tenía espacio en la escalera de subida. Pasar por las afueras del C.C. La Rotonda se retrasó debido al agua en la calle. El camino que normalmente toma 45 minutos desde La Alborada hasta la vía a Daule tardó dos horas ayer, en un viaje tan desesperante que tranquilamente se ganaría otra crónica. (I)

Mario Rodríguez Medina
Especialista Editor Regional

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