No puede haber cultura sin adecuada movilización pública

- 13 de junio de 2018 - 00:00

La agenda cultural es cada vez más apretada en Quito que muchos espacios dedicados al arte, el teatro, el cine o la literatura han adelantado sus horarios de apertura o, por el contrario, los han extendido hasta horas insospechadas, hasta que los policías irrumpen en sitios donde abundan la música electrónica y la caña manabita.

Y así como han proliferado estos sitios en los últimos tres años –basta revisar el calendario de eventos diarios en Facebook para sentirse saturado–, también muchos espacios se han descentralizado de la ciudad: ahora funcionan en Cumbayá, en las cuevas del volcán inactivo Ilaló o en las estrechas callejuelas del Centro Histórico –quien visite el barrio La Tola tendrá una idea clara de cómo se ha reconfigurado la actividad cultural–. La demanda crece en Quito y la oferta  responde positivamente, no así las políticas de movilidad pública.

Quien no tenga un carro particular o suficiente dinero para desplazarse en taxi deberá restringir su asistencia a eventos que, generalmente, son gratuitos.

El último sábado armé una agenda para ir desde temprano a una exposición sobre Oswaldo Viteri en una galería ubicada en la zona norte de la capital, a una muestra de colores precolombinos en un museo cercano a la Plaza San Francisco y a una feria de arte erótico en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, donde también se presentaban las películas de la V edición del Festival Latinoamericano de Cine.

Mi planificación, que incluía tiempos adecuados para moverme de un lado a otro, tenía al transporte público como aliado para ahorrar dinero. Todas las actividades que elegí eran gratuitas, pero en el transcurso del día gasté cerca de 15 dólares en taxis, porque además de que las líneas de transporte no se conectaban directamente aun cuando podían hacerlo, los buses llegaban con retrasos obscenos–en realidad no tenían horarios para afirmar que se demoraron– o no aparecían. Las políticas de la ciudad deben ser las facilitadoras de la cultura y el ahorro, no su enemigo como ahora. (O)

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