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Bernardo Sandoval

¿Vacunarse?, ¡Obviamente!

20 de diciembre de 2020 00:00

El mérito de algo, su valor, su eficacia deben medirse en forma objetiva, estadística y científica. En todo orden de la vida los resultados son los que marcan la verdad.  Lo otro: la especulación, la anécdota, la opinión que contradice resultados se incorporan al terreno de lo peligroso y lo inútil.

Sin duda el escepticismo es un elemento consustancial al desarrollo de la ciencia.  No se puede creer sino aquello que se demuestra estadísticamente, objetivamente, irrefutablemente. Lo que se afirma, sin demostración objetiva, como actos de fe, en relación con temas de salud, corresponden a la lamentable esfera de la pseudociencia.  Escepticismo, sí, hasta que la demostración científica lo desvanezca.   Pseudociencia, no, porque promueve el pensamiento mágico que nos atrofia.

La inmunización es la intervención de salud pública más eficaz en la historia de la humanidad para la prevención de enfermedades epidémicas de contagio interpersonal y el recurso más valioso para la evitación de muertes por enfermedades para las que existe vacuna.  La evidencia es categórica e incontestable.

La viruela asoló a la humanidad por milenios hasta que Edward Jenner desarrolló la “vacuna” en 1796.  Casi dos siglos después la enfermedad  desapareció y, gracias a la vacuna, se evitó más de dos millones de muertes anuales por esta enfermedad.  La poliomielitis, horrendo azote de la humanidad,  produjo la muerte de millones de adultos y niños hasta que Salk de la Universidad de Pittsburgh y Sabin de la Universidad de Cincinatti, desarrollaron vacunas  que han reducido en un 99%  la incidencia de la enfermedad.   Lo mismo ocurre con el tétanos, difteria, tosferina, paperas, rubeola, sarampión y otras inmunizaciones que, en conjunto, evitan la muerte de 4 millones de personas por año.

Enhorabuena que científicos y emprendedores en el mundo, académicos, universidades, gobiernos, personal de salud, se hayan empeñado en producir vacunas para prevenir la Covid-19 y parar la pandemia.  Vacunas, algunas de ellas que han cumplido con todos los rigores de análisis para demostrar fehacientemente, científicamente, inobjetablemente, su eficacia y su seguridad, han empezado a aplicarse en el mundo. 

A pesar de esta proeza que promete salvar millones de vidas y de haberlo hecho en poco tiempo, aún hay voces plenas de pseudociencia, de lucubración y paranoia que procuran desvirtuar el mérito de la vacunación.  Estas voces se expresan en las redes sociales en las que hay pocos filtros de verdad y razón.  Por ventaja la verdad  está en la ciencia. ¡A vacunarse! (O)