T’Challa o el afrocentrismo estético (II)

- 04 de julio de 2018 - 00:00

Quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, la negritud americana tiene su propio Getsemaní (eso sí, Jesús es parecido a un comunero de Playa de Oro), pero quiere resurrección sin el tránsito por la muerte; es absolutamente válido ese querer, porque estos últimos 500 años equivalen a tantas muertes sucesivas que todavía nos faltan renacimientos.

Las vidas que nos hacen falta, según la correcta observación de Antonio Preciado, las apuramos reinventando existencias. Al falso destino de la necroexistencia le resistimos por la vía, muy transitada y recuperada, de la bioexistencia. Es demanda y exigencia casa adentro (en las comunidades urbanas y rurales) y casa afuera con las múltiples alianzas estratégicas. Con todos los que son y no dejarán de serlo.

Fueron los griots, de una u otra orilla, la oralidad nómada narradora de las epopeyas de los héroes territoriales, su mérito principal: potenciar la existencia comunitaria y las existencias individuales. Valga para esta jam-session la inspiradora frase del reverendo Jeremiah A. Wright: “La audacia de la esperanza”. Recogida por Barack Obama para titular su libro. Cuidado, es más que unas palabras risueñas o el resumen abstracto de un sueño armonioso; es el manifiesto resumido de la voluntad existencial para derrotar enredos políticos complicados e irracionales. Si la esperanza es lo último que se pierde (a veces por ahí comienzan las ruinas), entonces la audacia intelectual y formalmente bella es sostenerla con trucos mágicos y estéticos.

La América africana o negra emociona con sus héroes cinematográficos, son metáforas de individuos no distanciados de procesos comunitarios e históricos y apegados a la territorialidad. ¿Abundante lectura de los guionistas o coincidencias evidentes? No importa si es Wakanda o Harlem, es el territorio de dificultades opresivas y desesperanzadoras que necesita defenderse de “los malos”. Black Panther, Luke Cage o Black Lightning es el tropel de héroes. (O)