Enrique Males, amauta de la luna

- 23 de agosto de 2018 - 00:00

Desde el centro ceremonial de las tolas, los caranquis agradecen a los montes tutelares, al Taita Imbabura y la Mama Cotacachi, por el prodigio de las cosechas de maíz. Hay fiesta en el aire y los danzantes llegan al sonido de los pututus (strombus), ocarinas y rondadores. Estamos bajo los designios de la luna. Este señorío étnico milenario, constructor de 5.000 tolas, nunca creó un imperio porque –debido a los diversos pisos ecológicos– comerciaban con los pastos, quitus y cayambis.

En el siglo XVI llegaron los incas con su sol y los “humbracunas”, sobrevivientes de la masacre de Yahuarcocha, no se habían repuesto cuando arribaron las cabalgaduras de fuego desembarcadas hace poco de las carabelas, junto a los cristos agónicos. Después, cinco siglos pasaron sobre los ríos de la memoria. En la antigua heredad de los caranquis se fundó Ibarra en 1606. A inicios del XX, desde la comunidad de Quinchuquí, llegaron a la Villa los ancestros de Enrique Males Morales, de 75 años. Este músico acaba de ser galardonado con el Premio Nacional Eugenio Espejo, categoría creaciones, que recuerda al “Chusig”, que tuvo que ocultar su nombre.

En este caso, esta distinción –creada en el régimen del general Guillermo Rodríguez Lara, a quien se agradece– no se puede entender sin nombrar el legado caranqui porque Males es uno de sus representantes más genuinos porque ha revalorizado los instrumentos precolombinos, además de la ritualidad andina (sus puestas en escena tienen esa conexión con las cosmogonías que requieren ser documentadas en formato cine, para que se muevan por el mundo).

Males aporta su propia visión de lo norandino que antes, desde el indigenismo, fue construida por el entorno blanco-mestizo, para usar una categoría que también es racista. Mas, su propuesta de estos años –como Biografías, el homenaje a Dolores Cacuango o la siguiente en torno al maíz- tiene otra figura: Patricia Gutiérrez, su compañera y danzarina. Males ha logrado un prodigio: devolvernos la voz de los amautas caranquis frente a las tolas milenarias, burlando al olvido. Y como todo cantor, es voz de voces rebeldes. (O)