El diaconado femenino

- 31 de agosto de 2016 - 00:00

Recientemente el papa Francisco decidió abrir una reflexión en toda la Iglesia sobre el diaconado en cuanto a la posibilidad de acordarlo a las mujeres. El libro de los Hechos de los Apóstoles reconoce el diaconado de las mujeres. Este ministerio se perdió con el pasar de los siglos. La causa principal fue la entrada del machismo o patriarcalismo en la Iglesia en particular por el poder que se atribuyó el clero separándose del pueblo de Dios y actuando más como una autoridad dominadora que un servicio. Además, los clérigos debían ser exclusivamente varones.

Al principio de la Iglesia no existían sacerdotes tal como los conocemos hoy. Los especialistas bíblicos nos dicen que quienes presidían la fracción del pan o cena del Señor, que llamamos misa o eucaristía, eran los dueños de casa, sean varones, sean mujeres, cuando recibían la comunidad cristiana en su casa. Jesús fue un laico y no un sacerdote; ni era miembro de una familia sacerdotal. En las primeras iglesias, todos eran laicos. La asimilación de la jerarquía al Imperio romano en tiempos del emperador romano Constantino en el siglo 4, creó, por una parte, la separación entre el clero y el resto de los bautizados y, por otra, el regreso al culto sacerdotal del Antiguo Testamento.

Fue el Concilio Vaticano 2°, hace 50 años, que puso el dedo en la llaga e invitó a ejercitar el sacerdocio “a la manera de los apóstoles”. Dio -además- prioridad al sacerdocio de los bautizados sobre el sacerdocio del clero, siendo definido este como el servicio de aquel. Pero todavía muy pocos esfuerzos se han hecho para regresar a los orígenes de nuestra Iglesia y del servicio sacerdotal de los primeros cristianos. Tal vez sea en las Comunidades Eclesiales de Base donde el sacerdocio ministerial está recuperando su verdadero sentido: fomenta desde la igualdad del bautismo la promoción del sacerdocio de los bautizados, como también su misión profética y real. La crisis actual del sacerdocio revela el impasse donde nos encontramos.

En este contexto, hablar de diaconado femenino o de sacerdocio femenino a la manera de los diáconos y sacerdotes actuales sin volver a las fuentes primitivas del sacerdocio no es más que confirmar el fracaso y los problemas que nos acechan. Por eso que tanto las reflexiones de mujeres teólogas y las de posibles candidatas al diaconado o sacerdocio hablan de una negativa frente a tales ‘ordenaciones’: no sería más que enfrascar a las mujeres una un camino sin salida, poco respetuoso de su dignidad, su capacidad y su misión cristiana.

Ojalá la decisión del papa Francisco de abrir una reflexión sobre el diaconado femenino nos aclare sobre el sentido ‘diaconal’ o servicial de toda la Iglesia, la nueva identidad que deben tomar, tanto el sacerdocio de los bautizados como el de los diáconos, sacerdotes y obispos. Así iremos revelando la verdadera misión de los cristianos en el mundo al servicio del Reino de Dios. “Lo único absoluto”, según el mismo Jesús. (O)

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