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Ecuador/Dom.24/Oct/2021

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Mónica Mancero Acosta

Creando oportunidades, pero ¿Para quiénes?

26 de septiembre de 2021 00:13

El Plan de Desarrollo junto al proyecto de ley “Creando oportunidades” significa un cambio de paradigma acerca del rol del Estado, de cómo generar riqueza y de las relaciones sociales y económicas en las que actores, con más o menos recursos, se insertan en este campo. La visión es bastante conocida, es el mercado el regulador de las relaciones sociales, el individuo y sus intereses el centro. El Estado tiene un rol mínimo y apenas si interviene, generalmente cuando conviene a los intereses de los grupos de poder. Ese modelo se denomina neoliberal y ha sido probado con menos éxito en sociedades tan desiguales como las nuestras, aunque igual hizo de las suyas en sociedades más desarrolladas europeas. Una valoración de la década de neoliberalismo en América Latina en los 90 dejó saldos en rojo con relación a la pobreza y desigualdad.

Es verdad que el programa de Lasso ya prefiguraba este modelo. Pero ¿Quién leyó el programa? Casi nadie, en los discursos se ofrecieron muchas cosas, unas tomadas de aquí, otras de allá. La derecha, ya sabemos, llegó al poder por el cuco del correísmo, por el autoritarismo exacerbado y los destapes de corrupción que este período conllevó. Nos pusieron en manos del neoliberalismo y esas estamos.

El proyecto de ley conjuga una propuesta tributaria con una propuesta de régimen laboral alternativo. Esta misma bicefalia puede ser un motivo para su rechazo. La lógica del proyecto, en mi lectura, es hacer unos pocos sacrificios de los pudientes en este par de años como el pago de impuestos a patrimonio y renta, mientras se aseguran a mediano plazo una ley que abra la posibilidad a un régimen de empleabilidad flexible. Hechas las cuentas, más menos, seguramente los empresarios saldrán con saldos a favor, así, las oportunidades se habrán creado. La cuestión es si realmente esto va a incrementar el empleo y el crecimiento económico. De todas maneras, en la lógica neoliberal, el Estado pone las reglas de juego y ahora la inversión debería responder.

Sin embargo, el escenario político fragmentado de la Asamblea hace difícil prever que pueda aprobarse la propuesta original. La cuestión es si el Ejecutivo, consciente de su debilidad en el parlamento, está dispuesto a negociar algunos aspectos del proyecto. O, como observamos -con el ánimo algo exaltado del presidente Lasso cuando entregó el proyecto y apremió a la presidenta de la Asamblea para que de trámite- se enfrasca en un juego de todo o nada. Tendremos un mes entretenido de adrenalina política.

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