El “Patón”, el “Pelado” y el novato
Mientras uno maldijo sin pausa, otro se frota las manos y más allá alguien descrubre cómo se ve todo desde la raya.
La cantidad de papeles que arrugó y alineaciones que varió, debido a lesiones constantes, fueron determinantes para los frecuentes dolores de cabeza que asaltaron a Edgardo Bauza (escribo esto sin saber el resultado del miércoles).
Si tomamos en cuenta la cantidad de bajas que sufrió, teniendo por delante la Copa Sudamericana y compromisos de Campeonato Nacional, su rol fue más el de un mago que el de un entrenador. Malestares de técnicos que nadie quiere experimentar, pero que cuando llegan, hay que encararlos con el mejor de los conceptos y valor. Bauza es un guerrrero, un estratega, un técnico que ya elevó su “status” a general o cacique de mil batallas.
En otro frente, decidido a navegar a otra velocidad, el Deportivo Quito se preocupó de negociar otro tipo de gasolina para la segunda etapa del torneo nacional; el resultado fue plasmado en un rendimiento que tuvo rachas de perfección por largos períodos de la fase.
El “Pelado” Ischia necesitó de algunas millas para calibrar a perfección la maquinaria “chulla”. Conocer cada detalle, tuerca y dónde encajaba acorde a la circunstancia, fue clave para que llegara a tener hasta 12 partidos consecutivos invictos y cercano a la frontera de la perfección de rendimiento, no solo que ganaba y ganaba, sino que tampoco le anotaban goles.
Su rival y máximo perseguidor no pudo anotarle un solo gol en todo el año, el Deportivo Quito dejó claro que la distancia futbolística con quien lo acechaba era mucho más notoria de lo que la tabla de posiciones pintaba.
Hay que conocer cada pieza para saber cómo moverla y el técnico argentino del equipo “chulla” fue exquisito para sus propósitos.
Pase lo que pase el sábado, Ischia cierra una temporada en la cual manejó con categoría y profundo conocimiento futbolístico al equipo que le tocó pilotear.
Muchos años sudando y corriendo como pocos, asimilando aspectos importantes de entregadores consagrados, actuando en múltiples escenarios, conociendo internamente la realidad de la cancha y lo que hay que hacer para ganar.
Marcelo Fleitas reúne requisitos por los cuales cualquier humano con sueños de dirección técnica en lo futbolístico pagaría fortunas.
Su momento llegó de manera abrupta, en el instante menos relajado, en condiciones con alto octanaje de presión.
Un bautizo radical y que podría darle toda la imagen de lo que es el instante más arduo en competencias futbolísticas: la final, donde las papas, carne, verduras, no solo que queman, sino que arden con cualidades destructivas.
Fleitas sabe cómo es este mundo, pero verlo desde la óptica de quien está parado atrás de la raya, debió ser revelador e impactante para alguien con tanto recorrido y experiencia.
Las cualidades de Fleitas son notables, su futuro prometedor, su presente… aterrador.
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