Ucrania, un nudo gordiano
El problema de Ucrania se ha ido complicando hasta convertirse en un nudo gordiano debido a la intransigencia de la UE y EE.UU. que, por perder el sentido de la realidad, lo han querido todo para sí; con esta finalidad se han inmiscuido descaradamente en los asuntos internos de Kiev. Los que hasta hace poco exigían a Yanukovich no reprimir las violentas manifestaciones de Maidán son los mismos que ahora instigan a la ultraderecha rusófoba a exterminar a la población del sureste de Ucrania, para provocar a Moscú e iniciar la guerra contra Rusia. Después, con la cantaleta de que la ‘democracia’ se debe defender del terrorismo, o sea de los patriotas levantados en armas, asoma la portavoz Psaki para justificar el asesinato de niños, mujeres, ancianos y civiles desarmados, la quema de seres vivos y la barbaridad de disparar contra ambulancias que conducen heridos en combate.
Al gobierno entrante de Poroshenko le tocará decidir entre los nazis, sostén armado del desgobierno de Kiev, o tratar de arreglar el problema con Rusia, de la que Ucrania depende casi por completo. Y no es solo el asunto del gas sino de que la totalidad de la producción de las 245 empresas de la industria militar de Ucrania es comprada por Rusia. Si Ucrania ingresara a la OTAN, estas fábricas se cerrarían y las protestas sociales serían cada vez mayores debido a que la actual crisis económica, hoy grave, se tornaría calamitosa.
El asunto estriba en que la una mitad de Ucrania se orienta hacia Rusia y la otra, donde el nazismo controla el poder, hacia Occidente. Como el presidente electo, Poroshenko, no puede romper el cordón umbilical que lo ata al sistema mafioso criminal al que siempre ha pertenecido, no podrá tampoco cortar el nudo gordiano compuesto por intereses oligárquicos, por políticas criminales de extrema derecha, por diferencias religiosas y culturales, por intereses de la OTAN y por el levantamiento popular armado. De ahí que su anuncio de que va a continuar la política actual de Kiev -no discutir sino imponer el criterio de Estado absolutista-, profundizará la guerra civil hasta llevarla a un punto de no retorno, cuyo único resultado predecible es la desintegración de Ucrania. Se repite así la tragedia yugoslava, en la que todos pierden, menos el imperio.
El desgobierno de Kiev se persuadió de que podía derrotar a los rebeldes. No pudo. En sus primeras declaraciones, Poroshenko habla de derrotar lo que llama terroristas e insta a que se lo haga en pocas horas. No podrá.
Parece que en Ucrania todos han cruzado el Rubicón.
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