Snowden y la bestia
El proyecto de convertir el sistema de seguridad de los EE.UU. en la bestia bíblica que lo controla todo, ha sido lastimado aunque no estropeado ni, menos aún, detenido. Esto, en parte, se debe al poder de convicción logrado por la bestia, que intenta con relativo éxito ocultar lo fundamental, su intención de constituirse en un Estado Totalitario a nivel mundial, y ha persuadido a parte de la opinión pública para que se vaya por las ramas en el caso de Snowden, patriota norteamericano al que se hace añicos su moral mientras se calla la inmoralidad de quienes, a pesar de que para impedir actos terroristas nos vigilan a tiempo completo, no pueden impedir que dos jóvenes realicen el atentado de Boston.
¿Quién como la bestia? Cantan en coro los cipayos, hay que adorarla y no irritarla, y le justifican y le aplauden todas sus arbitrariedades: si invade mediante las que llama "guerras humanitarias" a países soberanos, miembros de la ONU, está bien; si arroja proyectiles de uranio empobrecido, que desforma a los fetos en el vientre materno y extermina poblaciones enteras, está bien; si da refugio a terroristas, que derriban aviones de pasajeros, está bien; si envenena al planeta, con tal de que sus monopolios se enriquezcan, está bien; si extermina a las abejas, que fertilizan las flores, con las que la comida ya de por sí escasa va a faltar aun a los glotones de hoy en día, está bien; si encarcela inocentes, los tortura y los obliga a confesar crímenes no cometidos, está bien; si prohíbe al presidente Evo Morales sobrevolar el espacio aéreo de Europa, con lo que viola el derecho internacional y la inmunidad diplomática de la que goza todo Jefe de Estado, está bien.
¿Cómo entonces no le van a justificar que vigile incluso a sus propios aliados, a los que ha convertido en vasallos? Mucho mejor todavía si lo hace con los chinos o con los rusos, no se diga con nosotros los latinoamericanos, que para ellos somos cero a la izquierda. ¡Pobres cipayos! Actúan así porque se creen sus amigos y se olvidan que, según el decir de la propia bestia, solo tiene intereses.
La bestia justifica todas estas ilegalidades con el eslogan falso de la lucha contra el terrorismo, cuco que le sirve de escudo para, entre otros objetivos, perseguir a Snowden no tanto por guardar secretos que pudiera entregar a sus contrincantes sino porque cree que, con Assange, el soldado Manning, el general Cartwrigth y otros más, es parte de una organización democrática que intenta destruir porque la asusta.
Apoyemos a Snowden en su causa justa.
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