Los celulares a la canasta
En muchas familias, por no decir la mayoría, la hora de la comida se ha convertido en un espacio en el que no se dialoga, no se comparte, y, por el contrario, los diversos miembros de la misma, independientemente de su edad, se concentran cada uno en su celular, adquiriendo una fisonomía de autómatas, incapaces de relacionarse entre ellos, entre los que están presentes, prefiriendo concentrarse en quienes están, a la distancia, acaparando una atención que debería dedicarse a los que nos acompañan.
Tal vez ese sea un síntoma o al mismo tiempo la causa del descalabro de las familias, y nos apena mucho constatarlo, cuando es evidente el beneficio que el diálogo entre los miembros de la misma nos trae, la capacidad de compartir cosas comunes, de enterarnos de lo que pasa con los diferentes miembros, de detectar los posibles problemas que los niños y los adolescentes pueden estar sufriendo.
Por ello, me atrevo a sugerir, alguna estrategia para preservas estos espacios de diálogo irremplazables, que hacen que la familia sea ese ambiente tan especial que logra restañar heridas, aliviar el peso de los dolores, hacer que los problemas parezcan menores, que consigamos renovar ese tejido tan importante para el desarrollo y la pervivencia misma de la sociedad.
Los espacios de las comidas en familia deberían ser sagrados, ya sea el desayuno, el almuerzo o la cena, si son los tres mejor, pero al menos uno de esos espacios al día es indispensable si queremos preservar la unidad familiar.
Pero esos espacios deben ser de calidad, sin la perturbación causada por el uso de los celulares ubicados omnipresentemente sobre la mesa, a un lado de los cubiertos o incluso en la falda o pantalón, al que los dueños de esos adminículos tecnológicos subrepticiamente colocados, les lanzan miradas y extienden los oídos sin el menor recato.
Esa sugerencia tiene que ver con la decisión que al comienzo puede ser vista como atropelladora de las libertades individuales, pero que en realidad salvan los valiosos espacios de diálogo. Puede ser la decisión de colocar una canasta, un cesto, a la entrada del espacio destinado a la comida y depositar ahí los celulares de todos los asistentes, quienes, por el lapso de una hora o un poco más, pueden dejar de estar pendientes de las llamadas y mensajes. Tengan la seguridad que el mundo no va a acabarse si adquirimos esta práctica, y ganaremos en riqueza de diálogos y del compartir familiar.
Mujer, mirada crítica
En un mundo cada vez más automatizado, este 8 M, la mirada femenina no es opcional, es crítica. Rompe estereotipos y lidera el cambio al ser empoderada, versátil, autónoma, polifacética y casi siempr...
Ayer fue…
Ayer fue Nicaragua, hoy el Salvador y mañana Ecuador, es la frase de barricada que sonaba en la década de los 80 del siglo pasado cuando andábamos tras la búsqueda de la utopía que nos habían metido...
El mundo de las apariencias
Habitamos en una época donde la imagen ha dejado de ser representación para convertirse en realidad sustituta. No se trata únicamente de cómo nos mostramos, sino de cómo somos percibidos, validados y...
Los CiudadanosDeBien
Causa sorpresa que con cierta frecuencia nosotros, como miembros de la raza humana, seamos testigos de etiquetas; la más reciente: Los Therians. Al respecto, según el diario español El Mundo, esta pa...
Operativo en Guayaquil deja cuatro detenidos por presunto secuestro extorsivo
Marchas por el 8M se realizarán este domingo en varias ciudades del país
