Errare humanum est
El diálogo exige generosidad de parte y parte, ceder-ceder para ganar-ganar es la única forma de salir del atolladero en el que los ecuatorianos nos encontramos en las últimas semanas.
Las organizaciones ciudadanas acertadamente proponen una metodología para encausar intenciones y pretensiones que logren prender la chimenea del humo blanco, en ese contexto es indispensable que se fije una hoja de ruta que contenga una línea de tiempo, decisiones, compromisos, actividades, plazos y responsables con nombres y apellidos que respondan a la gente y se sometan a la valoración pública de su gestión. Que todo el mundo sepa lo que han hecho, lo que hacen y lo que han dejado de hacer.
Los requerimientos deben sujetarse a las posibilidades ciertas que la ley determina, sin generalidades, ni ambigüedades, solo de esa forma las respuestas tendrán las mismas características. Los egos, la tozudez, la evidente falta de empatía son los principales obstáculos de una pelea en la que todos los ecuatorianos resultamos perdedores, especialmente los más pobres.
Los radicales que tienen agendas ocultas propugnan la violencia y repiten el libreto de aquel funesto octubre, cuando destruyeron nuestra capital, ese vandalismo que dista mucho de la justificada protesta social es inaceptable y debe ser perseguido y castigado sin contemplaciones ni atenuantes, simplemente porque tiene todas las agravantes.
El sacrificio humano tanto de protestantes como de las fuerzas del orden debe tener un límite, la sinrazón de la confrontación y la agresión a la autoridad no puede normalizarse y por otro lado, el gobierno debe conectarse con la población, escucharla y rectificar sin dudar.
El presidente Lasso y el líder de los indígenas deberán sentarse frente a frente y dialogar francamente, conscientes de que errar es humano y rectificar es de sabios, conscientes también de que persistir en el error es de necios.
En estas circunstancias la idea de la muerte cruzada ronda nuevamente la Asamblea y Carondelet, mientras tanto a la espera del entendimiento, la ciudadanía quiteña siempre estará dispuesta a defender la democracia, la paz y el trabajo y, masivamente al compás del himno a Quito, ratificar el orgullo de vivir en esta ciudad que el incario soñó y que es grande porque Atahualpa la hizo y España la amó.
Si en algo sirve de consuelo, el mundo no está peor que hace dos mil años, cuando Cicerón afirmaba: Stultorum plena sunt omnia: En todas partes abundan los necios.
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